
El preescolar Nicolás Bravo, ubicado en la cabecera municipal de San Luis de la Paz, vivió una experiencia significativa al llenar de color y sentido sus muros con la creación de “El Mural del Amor”, una obra colaborativa que reunió a estudiantes, docentes y familias en torno a valores como el respeto, la empatía, la amistad y el amor.
A través de dibujos de corazones, flores, arcoíris, manos unidas, soles y nubes, la comunidad educativa expresó sentimientos y emociones que ahora forman parte del entorno cotidiano de la escuela. La iniciativa surgió del proyecto integrador “CreArte para la paz”, una propuesta pedagógica diseñada en consejo técnico escolar por el equipo docente y directivo, con el propósito de reforzar los lazos afectivos y promover la convivencia a través del arte.
Luciana Gutiérrez Hidalgo, directora del plantel, explicó que la intervención artística fue pensada como una oportunidad para que niñas, niños y sus familias dejaran una huella emocional en la escuela. Señaló que cada rincón de un espacio educativo representa una posibilidad de aprendizaje y que el arte puede ser una herramienta efectiva para la regulación emocional y el fortalecimiento de los vínculos afectivos.
De acuerdo con la directora, los 186 alumnos participaron con entusiasmo y alegría, generando escenas de colaboración entre hermanos, padres e hijos, y compañeros de grupo. Relató que durante la actividad se escucharon frases como “este lo pintó mi mamá”, “mi hermano me ayudó”, o “mi amigo me compartió su pintura”, reflejo del objetivo alcanzado.
Héctor Teodoro Montes Estrada, titular de la Secretaría de Educación de Guanajuato en la Delegación II, reconoció el esfuerzo del personal docente por impulsar acciones que favorecen entornos escolares pacíficos, creativos y emocionalmente positivos. Asimismo, exhortó a otras escuelas de la región a replicar este tipo de prácticas, utilizando sus propios muros, patios y pasillos como espacios vivos para transmitir mensajes de esperanza, alegría y colaboración.
Como parte de la estrategia, se llevaron a cabo diversas actividades complementarias, como el tapete de la amistad, la carta de mamá y papá para sus hijos, abrazos familiares, bálsamos emocionales y dinámicas que promovieron la expresión afectiva entre compañeros. Todo ello contó con el apoyo decidido de las madres y padres de familia, quienes se sumaron activamente a la iniciativa.
Al cierre del proyecto, las niñas y niños mostraron mayor identificación con su entorno escolar, reconocieron su pertenencia al grupo y a su familia, y vincularon sus creaciones artísticas con sus propias emociones. Además, expresaron respeto y aprecio por el trabajo de sus compañeros, generando un ambiente de armonía y orgullo colectivo.
El Mural del Amor no solo decoró las paredes del preescolar Nicolás Bravo, sino que se convirtió en símbolo de unión, afecto y comunidad. Una muestra de que, desde la primera infancia, es posible construir espacios educativos más humanos, donde el arte y los valores caminen de la mano.




