La mafia italoamericana ya forma parte de la cultura popular, pues hemos visto a sus representantes en miles de películas, series y cómics. El capo, con su traje impecable y su sombrero fedora, es un tropo tan conocido como el superhéroe o el científico loco. Sin embargo, en el organigrama de la mafia hay muchos más aparte de los simples esbirros o el jefe de jefes, tal es el caso del consigliere.
La traducción literal de ‘consigliere’ es ‘consejero’ o ‘asesor’ y como su nombre lo indica es quien ofrece al capo asesoramiento para controlar su imperio criminal. Sin duda, el más famoso del cine es Tom Hagen, quien orienta a la familia Corleone en la saga cinematográfica y literaria de ‘El Padrino’, pero también está Silvio Dante en la serie ‘Los Soprano’ y Milos Grapa, consejero del mafioso Carmine Falcone en los cómics y películas de Batman.
Los consiglieres deben de ser de absoluta confianza, estrategas, observadores, analíticos, leales pase lo que pase y estar conscientes que en cualquier momento los matarían, pues todos sabemos que el crimen no paga. Pero ¿qué tanto existen en la vida real? la respuesta es que hay varios ejemplos a lo largo de la historia de la mafia italoamericana.
Uno de los consejeros de la mafia más famosos fue Joseph N. Gallo, que durante años asesoró en el turbio mundo del crimen organizado a la familia criminal Gambino, una de las más poderosas de Nueva York. Tres jefes diferentes pasaron mientras él se mantenía, leal a este apellido. Como muchos mafiosos de los años setenta, nació en Italia (concretamente en 1912 en Calabria) pero desde niño se mudó con su familia al barrio de Little Italiy, en Nueva York. Creció como empresario textil, destacando en la confección de vestidos, mientras que poco a poco se iba involucrando con la mafia, hasta ascender al grado de consigliere durante los años setenta, lo que le daba, como a todo el que tiene su título, diferentes responsabilidades, como la de representar a su jefe en reuniones a las que no pudiera asistir.
Pese a servir a los capos Carlo Gambino, Paul Castellano y John Goti, el único delito por el que lo condenaron fue por soborno. Fue encerrado por diez años y se le obligó a pagar una multa de 380 mil dólares. Se le permitió salir en 1995 y en septiembre de ese mismo año murió.
EN LA SOMBRA
Joseph Valachi, el primer mafioso en hablar sobre su organización y escritor que divulgó temas de la mafia, hablaba de un consigliere conocido únicamente como ‘Sandino’ del que nunca se supo mucho, y es que operar en las sombras para ellos, es fundamental.
Otro conocido consejero fue Anthony Spero, quien nació un 8 de enero de 1912 y fue incorporado por Carmine Galante, otro peligroso capo neoyorquino, a la familia Bonanno, que junto con los Colombo, Gambino, Genovese y Lucchese dominaban la Gran Manzana en los sesenta y setenta.
Spero era sumamente reservado y discreto, pero también astuto: Le gustaba criar palomas mensajeras en la azotea de su edificio, y cuando quería tener una reunión o dar una asesoría con la ‘familia’ los llevaba al palomar, donde, con el gorjeo de las aves, era muy difícil que la vigilancia electrónica de la época los escuchase. Otra de sus acciones era mandar robar fuegos artificiales, para revenderlos el día de la independencia de Estados Unidos. Muchos biógrafos lo definen como un gánster de la vieja escuela, de esos que describe el escritor Mario Puzo.
Sin embargo, Spero no era perfecto, de modo que fue condenado por cometer tres asesinatos, uno de ellos fue por mandar matar a un ladrón que se metió a robar a un collar de diamantes a la casa de su hija. El ignorante ladrón no supo con quien había cruzado su segada vida. Spero fue a dar a la cárcel y murió tras las rejas en 2008.
“Tengo una práctica especializada. Atiendo a un solo cliente”, dice el consigliere Tom Hagen en ‘El Padrino’, resumiendo muy bien el oficio de aconsejar al mal.



