martes, septiembre 1, 2026
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La cultura que necesitamos adquirir, se imparte en los centros de estudio de todos los niveles con esfuerzo y gran dedicación.

No cabe duda que uno de los pilares esenciales en el desarrollo integral de los jóvenes es la escuela y el aprendizaje constante, con la dedicación para adquirir nuevos conocimientos. Estamos viviendo un tiempo en el que más los niños, jóvenes y adultos necesitamos tener cada vez más conocimientos para sobresalir en la competencia de obtener un buen puesto de trabajo o bien el desarrollo personal es cada día más difícil. Entonces, teniendo un gran empeño para su buena superación constante y al extraer todos los conocimientos que nos brindan las escuelas, solamente así pueden salir adelante.

Ayer asistí en el Instituto Lux a la graduación de la terminación de cursos de bachillerato que son 3 años y cada grado tiene varios grupos. La ceremonia consistió en ir nombrando a cada uno de los alumnos y en una pantalla preciosa que estaba en el auditorio, se veía la fotografía y el nombre del alumno. Así pasaban y cada quien recibía su certificado.

Posteriormente hubo la mención de los mejores alumnos que pudieron obtener becas para asistir a la Universidad Iberoamericana y otros premios más para los alumnos más destacados. Quiero felicitarlos por la excelente organización en la que estuvieron presidiendo los Directores de Área y el Rector del Instituto Lux y por supuesto que asistieron cientos de personas, familiares de los graduados, siendo esto un éxito total. Con una organización en la que se noto el profesionalismo de una escuela que es de las mejores de León.

Digo todo esto porque me quede asombrado porque hace más de 70 años yo ingresé a la secundaría en el antiguo Colegio Instituto Lux, en unos terrenos muy grandes donde ahora están situados el Foro Cultural Bicentenario y el Teatro Roberto Placencia, fue mi antiguo colegio del que guardo recuerdos como que éramos algunos cientos de alumnos, pero en aulas diferentes, con una organización de acuerdo a la época y recuerdo con cariño al Padre Dávila, que fue el primer Rector con el que yo estuve y había unos maestros que eran nombrados para terminar su carrera como Jesuitas y ser sacerdotes y ya tenían la vocación.

Había grandes patios y sobre todo teníamos unos enormes campos de Futbol, aunque no teníamos canchas de basquetbol y recuerdo como anécdota que nos ofrecimos como voluntarios una buena cantidad de alumnos para construir una plancha de cemento y adaptar los aros para las canastas para jugar basquetbol, claro, con más buena voluntad que excelencia de trabajo, pero servían y sirvieron para que jugáramos basquetbol. También había un salón donde había mesas de billar y a mí me pusieron de encargado en mis tiempos libres de tenerlo bien aseado y mantener los tacos, las bolas y las mesas de billar en buen estado.

Lo que nos distinguía mucho a nosotros es que había formación tipo militar que impartía a todos los alumnos desde primaria, secundaria y preparatoria el Teniente Guarro. Teníamos una Banda de Guerra, que en aquellos tiempos era una de las mejores de los colegios de aquí en León y bien uniformados participábamos en los diferentes desfiles que se hacían aquí en la Ciudad de León, inclusive llegamos a ir a otras ciudades, nos sentíamos bien orgullos y nos llenábamos de fervor patrio con nuestra escolta al frente y claro, la Banda de Guerra. Nuestro comandante termino siendo el Doctor Manuel Torres Madrazo, aunque todos lo conocíamos como el popochas.

También había un momento deportivo y participamos en varios campeonatos colegiales y algunas veces resultamos campeones. Recuerdo que algunos de los más brillantes y populares era alguien que le decíamos el Chaparro Martínez del Campo y el hoy licenciado Alfonso Durán. Perdónenme que no recuerdo a muchos, pero el espíritu con el que íbamos a animar en la Martinica a nuestros equipos era extraordinario.

De aquel antiguo colegio que luego fue dirigido por el Padre Maurilio Montemayor y luego por el Padre de la Rosa termine mis estudios de secundaria y de bachillerato también y recuerdo que nuestra graduación fue en la preparatoria oficial que estaba en la calle Álvaro Obregón, la cual actualmente se quemó, pero el sentimiento, el cariño, el amor y la nostalgia de esa ceremonia que fue muy sencilla, pero igual de emotiva que esta.

Quiero hacer mención que nieta Melisa Medina obtuvo excelentes calificaciones y por eso fue Premiada, para ella mi mayor felicitación, todo mi cariño y mi amor te lo entrego por este gran triunfo de haber terminado el bachillerato, ella continuará sus estudios y dará el siguiente paso en la vida en la universidad, un reto que va a superar.

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