Este 10 de Mayo se celebra el día de las madres y el nombre de madre adquiere una dimensión diferente y generalizada, porque desde el más pobre, hasta el más rico nació después del parto de un ser maravilloso que arriesgó su vida para dar a luz al fruto de sus entrañas y repito que se juega la vida porque solamente las mujeres, seres extraordinarios, pueden soportar durante nueve meses las incomodidades y en el momento del parto los dolores son muy grandes, pero cuando nace el hijo o hija, desaparece el dolor y vienen las lágrimas de alegría, no solamente de ellas, sino de toda la familia, porque el milagro de la vida que Dios nos da a través de estos seres maravillosos, aunque es un acto natural de reproducción, no deja de ser el fruto sublime de un acto de amor.
Si dijéramos que ahí termina todo, estaríamos equivocados, pues empieza la madre a alimentarlos con la leche materna y hay que cuidarlos, limpiarlos, arreglarlos, calmar sus llantos nocturnos durante algún buen tiempo y luego pasa el tiempo y los problemas no terminan, que si la enfermedad chiquita, mediana o más grande, que si la escuela, que si el alimento no les cae bien, que nacen con algún problema físico hereditario y hay que atenderlos, cuidarlos y se duplica la atención. Ahí es donde se ve lo grande y maravilloso de la madre que hace todos los días y si le toca la suerte que el compañero de su vida sea comprensivo, que bueno, pero no todos somos como debíamos ser: verdaderos compañeros y colaboradores en todo momento.
El concebir un hijo es privilegio de las mujeres porque si los hombres, por alguna situación que no quiero imaginarme cual, tuviéramos que tener un hijo, ya se hubiera acabado la humanidad. Nosotros los hombres tenemos otras características y perdónenme la descripción, pero somos valiosos para otras muchas cosas que constituyen la formación de los hijos durante los primeros años de la vida y también después.
Todavía recuerdo cuando mi madre decía: los niños chiquitos tienen problemas chiquitos, los más grandes tienen problemas más grandes.
Ellas siguen siendo madres, aunque el hijo sea mucho mayor de edad y la madre sea anciana y el hombre maduro, el amor de la madre se acrecienta, nunca disminuye, ni termina y a veces no son correspondidos sus esfuerzos y su cariño, pero ellas callan y sufren en silencio; a eso se le llama abnegación, un valor que es privilegio solamente de las madres y que es un don del cielo.
Estoy hablando de hogares de alguna manera constituidos normalmente, pero hay unos en que las madres todavía tienen sufrimientos extras, cuando los niños nacen con la discapacidad, Síndrome de Down, Autismo, Parálisis Cerebral y muchas cosas más, que lamentablemente suceden y la madre de por vida carga con esos sufrimientos, como si no fueran suficientes los anteriores. Hay casos en que, por negligencia del padre, la madre tiene que trabajar para sostener el hogar y vaya que son trabajadoras, valerosas y sufridas.
Quiero pensar en esas madres que por diversas razones y posiblemente errores en la vida, están en la cárcel, ellas también merecen nuestra admiración y no quiero pensar en la razón por la que están recluidas, algunas o muchas los hijos las van a visitar.
Hay un fenómeno en México que se ha incrementado a través de los últimos años, que son las madres que andan buscando a sus hijos desaparecidos y con la fuerza del sufrimiento duran años buscándolos, aunque sean restos.
En este día todos los mexicanos tratamos de expresar nuestro cariño y agradecimiento de muy diversas formas y diremos que según el tamaño del bolsillo, pero no es así. Los regalos ostentosos y los que no lo son llevan una dosis de amor que nuestras madres mexicanas saben valorar. Ellas con una sonrisa, un abrazo, un beso y unas palabras dulces se sienten satisfechas. El tamaño y el valor del regalo es un añadido, pero lo primero es lo más importante.
Este fin de semana los servicios de comida, de hotelería, de centros de diversión y las ventas de flores con los tradicionales ramos hacen su agosto. Si no fuera porque en algunos casos son verdaderos abusos, nos daría mucho gusto, porque la economía que vivimos en el país actualmente es difícil y es que habrá que echar la culpa al gobierno por los altos impuestos, de las tasas de interés que cobran los bancos y casas de crédito, pero fundamentalmente creo que todos los mexicanos de todas las condiciones sociales, muchas veces gastamos más de lo que podemos pagar en tiempo y forma. El sufrimiento de tener el refrí casi vacío y las enfermedades que vienen inesperadamente, hacen que posiblemente tengamos problemas de todo tipo, pero con el viejo refrán que dice: “Ya veremos cómo ajustamos, Dios dirá”, tenemos los resultados no apetecibles.
Por último, felicito a quienes tienen vivas a sus madres, quiéranlas, llénenlas de cariño y logren que sientan que de verdad hay un hijo o hija agradecido. Nosotros debemos de pensar que son seres que tienen la dicha de tenerlas vivas en este mundo, los que las tenemos en el cielo solo nos queda orar por ellas y tratar de recordar sus sabios consejos. Nunca las olvidaremos, son seres maravillosos.
Vivan nuestras madres mexicanas, las mejores del mundo.




