miércoles, septiembre 2, 2026
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 LA CENTRALIZACIÓN DEL PODER

La centralización del poder, tiene que ver de forma directa y determinante, con tres aspectos de la vida nacional: centralización política, centralización administrativa y centralización social. Cada una de ellas, igual de importantes en los tres órdenes de gobierno.

La centralización, es un ordenamiento orgánico referido a la idea de centro, donde todo se concentra, donde todo emerge y donde se toman todo tipo de decisiones para bien y para mal, de la sociedad. Los mexicanos sabemos mucho de esto, vivimos 71 años de un fuerte centralismo político, administrativo y social, de gobiernos del PRI.

La centralización de la vida política, económica, administrativa y social de un país tiene un enorme costo para el desarrollo colectivo de un pueblo y sus instituciones. No es otra cosa, que depender de las decisiones de aquellos que tienen el control del gobierno en el centro del poder político.

Todo ello ha significado, un enorme atraso en los municipios y entidades federativas de México, que aún prevalecen en varias regiones, por la dependencia que se vivió durante los gobiernos hegemónicos del PRI. La incipiente alternancia política del 2000 al 2012, con los dos gobiernos del PAN, fueron insuficientes para lograr un cambio político y social.

Por lo que, todo prácticamente siguió igual en el ámbito administrativo y jurídico, salvo significativos avances en la creación de organismos autónomos que sirvieron para contener los excesos centralistas del poder y sus instituciones emanados de tiempos del poderío político del PRI y su precaria replica con la llegada del PAN. Después, la supuesta renovada vuelta del PRI de la mano de Peña Nieto y una nueva generación de “grandes políticos”, que se convirtieron en más de lo mismo, logrando por fin, el hartazgo social de millones de mexicanos cansado y decepcionados de la pobre clase política.

De nueva cuenta, el centralismo político, administrativo y social surgió de una supuesta transformación que llegó a nuestro país en 2018, de la mano de un liderazgo que se anunciaba diferente y que no era lo mismo del pasado, que logro implementar un nuevo sistema, de la mano de reformas constitucionales que hoy tienen a México en la instauración de un régimen totalitario.  

En la lógica de está centralización orgánica que vive México, en el ámbito político y administrativo, se persigue fundamentalmente la obtención de un régimen normativo uniforme y de un poder de dirección y acción estatales únicos, dictadas desde el centro del poder político, como en los viejos tiempos del PRI.

Donde todo se manda y todo se ordena desde el epicentro del poder político afectando la gobernabilidad democrática de México, pero sobre todo de sus estados y municipios. La degradación de las instituciones de los gobiernos estatales y municipales es más que evidente, ante la imposibilidad de dar respuesta a los problemas y necesidades locales.

La mediocridad en el nivel de funcionarios públicos federales, estatales y municipales, se está convirtiendo en lo cotidiano y en la normalización de bajos estándares de preparación de aquellos que aspiran a un puesto político o jurídico, ante la indiferencia social de aquellos que lo único que les interesa es obedecer y diciplinarse al poder central.

Ese “órgano central” es por excelencia el principio de la tiranía y el fin de la democracia, en la vida interior y soberanía de cada estado y en la autonomía de cada municipio.  La dación en pago por acuerdos políticos y contubernios entre los diferentes órdenes de gobierno de funciones y servicios básicos, que corresponden a la competencia local, son resultado de la simulación y corrupción.

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