miércoles, septiembre 2, 2026
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El ‘hogar’ del horror

El año acaba de comenzar y el producto audiovisual más popular ha sido la segunda parte de ‘El juego del calamar’, serie surcoreana que plantea un escenario aterrador: personas con precariedad económica son reclutadas por gente rica y poderosa para que participen en juegos letales donde pueden perder la vida de forma horrible. Como ocurre en estos casos, usuarios de redes sociales comenzaron a buscar si realmente han existido eventos así. Entonces se recordó un triste evento histórico ocurrido en Corea del Sur cuyas similitudes con el famoso programa televisivo son siniestramente similares, aunque hay que aclarar que el creador de la serie, Hwang Dong-hyuk, no lo ha reconocido oficialmente.
Hoy hablaremos de ‘Brothers Home’ o el ‘Hogar de los Hermanos’, un infame caso de violación a los derechos humanos.
Durante los años setenta y ochenta, Corea del Sur era un país que crecía de forma asombrosa. El problema era que los conflictos con sus vecinos del norte habían dejado muchas personas sin hogar en las calles, lo que daba una mala imagen para los juegos asiáticos de 1986 y los olímpicos en Seúl en 1988, donde se debía mostrar como una nación perfecta.
Fue entonces que surgió la idea de ‘Brothers Home’, unas casas de asistencia que atenderían a gente sin techo, la educarían y les darían ropa (unos pants que son muy similares a los de la serie) trabajo, administradas por la iniciativa privada. Cada que llevaran a un nuevo interno, el gobierno subvencionaría económicamente su estancia.
Todo sonaba perfecto a la primera impresión, pero en realidad, ‘Brothers Home’ era un campo de internamiento en contra de la voluntad de la gente, donde los maltratos y la tortura eran situaciones de todos los días. Su administrador, Park In-keun, nombró a su cuñado, Lim Young-soon como director, y a ambos no les importaba la dignidad de la gente, sino obtener dinero del gobierno.
La policía llevaba a las personas sin hogar en camionetas al campo, ubicado a las afueras de Busan.
De los años setenta a mediados de los ochenta, el campo llegó a tener hasta 3,500 internos, de los cuales murieron 551 en las peores condiciones. Cuando no pudieron privar de su libertad a más personas sin casa, comenzaron a secuestrar niños y adolescentes. En la red y los medios de comunicación surcoreanos abundan testimonios de sobrevivientes, como el de Choi Seung-won, cuyas memorias son estremecedoras.

LUZ ROJA, LUZ VERDE
Quien se atrevía a preguntar por qué había sido llevado contra su voluntad, era golpeado hasta morir con bates de béisbol. Se les obligaba a trabajos forzados. La insalubridad se convirtió en parte del estilo de vida de ‘Brothers Home’, y el miedo era moneda de cambio. Como en muchos campos de concentración a lo largo de la historia, los eufemismos para referirse a las torturas eran comunes. Por eso, a los golpes y abusos de todo tipo los guardias les decían ‘juegos’.
Entonces, las noticias del campo se hicieron públicas. Era imposible ocultar tantas desapariciones. Aunado a varios internos que lograron fugarse y a inspecciones sorpresa por parte del gobierno, la infame violación a los derechos humanos salió a la luz. Hubo un proceso legal y una investigación; pero no se hizo justicia. Park In-keun fue llevado a la cárcel y cumplió condena 2 años y medio, por cargos de corrupción y malversación de fondos, nunca por violación a derechos humanos y murió en 2016. En 2020, el gobierno surcoreano ha aprobado una ley para investigar el caso a fondo.
Lo cierto es que, por desgracia, crímenes contra la humanidad ocurren en todas las épocas, en todos los países. Hoy en día, Corea del Sur es también una nación que está destacando globalmente en gastronomía, moda, cine y con intelectuales brillantes como el filósofo Byung-Chul Han o la ganadora del último Nobel de Literatura, Han Kang.

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