El padre José Alejandro Solalinde Guerra avaló un proceso penal para sacerdotes que infrinjan la ley, “se acabaron los privilegios para los curas y para los obispos”.
Solalinde, defensor de los derechos humanos -en especial de los migrantes-, estuvo ayer en León para participar en un evento altruista del Club Rotario.
Entrevistado por los medios locales, citó casos de sacerdotes acusados por la vía penal, como ocurrió en Coahuila y Oaxaca, donde las víctimas han interpuesto sus respectivas denuncias.
“Si algún sacerdote comete una falta que implique una responsabilidad penal, tiene qué responder a ella”, planteó.
Recordó que el Papa también les exige a los pastores asumir responsabilidad porque, en casos de omisión, también hay consecuencias penales para los obispos.
Destacó que, para evitar impunidad, es voluntad del Papa Francisco emitir las denuncias penales respectivas.
“Los obispos no acaban de entender que es la voluntad del Papa que un pastor debe denunciar, incluso, penalmente. Debe permitir que la justicia, la autoridad civil, haga lo suyo”, indicó.
DESGASTE
A pregunta sobre el desgaste de la imagen de la iglesia católica a raíz de las recientes acusaciones a sacerdotes, expresó que en lo personal no es gente de imagen.
“Yo no soy una gente de imagen, a mí la imagen no me importa nada (…) lo que me importa es la justicia, lo que la gente está sintiendo”, declaró.
Cuestionó que, en un país con tanta violencia, todavía existan casos de actos contra la ley dentro de la Iglesia, “es injustificable”, resaltó.
Sobre el reciente caso de la Ciudad de los Niños de Salamanca expresó que, en caso de demostrarse alguna culpabilidad de los implicados, sería un llamado de atención para el Bajío, porque podría haber otros casos.
“Pero este sector de la Iglesia, en el Bajío, es muy conservador y se piensa que no quieren dañar la imagen de la iglesia y muchas veces se calla porque piensan que Dios los va a castigar”, explicó.
Pero en realidad, cuando la gente empiece a perder el miedo y sepa que se tiene que hablar, se podrían saber muchas otras cosas en esta región del Bajío.
“Es una llamada de atención para que los sacerdotes sean sinceros, que platiquen con los obispos, que digan la situación que tienen y pidan ayuda a tiempo, antes que sucedan estas cosas”, planteó.




