Los guanajuatenses estamos de plácemes. A partir del primer minuto del día 26 de septiembre del presente años, tenemos la primera mujer gobernadora en la historia del Estado, Libia Dennise García Muñoz Ledo. La ilusión por ver en acción de gobierno, a una mujer es grande. Sobre todo, poder apreciar un estilo y forma de hacer política muy diferente a los hombres que la han antecedido.
Guanajuato ya ha tenido en el caso del Poder Judicial, dos mujeres como titulares del máximo tribunal de justicia del Estado, así como distinto número de mujeres que han conformado y siguen constituyendo el otro poder, el legislativo. Mujeres de distintas ideologías y partidos políticos, han nutrido la división de poderes en la entidad.
En lo local, los municipios y sus ayuntamientos han sido conformados por mujeres de un gran mosaico de filiaciones políticas-partidistas, que han contribuido y lo siguen haciendo, para nutrir la basta cultura política que hace de la entidad, una joya de pluralidad y avance democrático, hoy en día se ha consolidado en sus 46 municipios.
Sin embargo, ha sido hasta el último proceso electoral del 2 de junio del 2024, que por fin llego una mujer a la primera magistratura del Estado. Una política que emana del PAN, el partido que lleva gobernando la entidad 33 años ininterrumpidos. Por consiguiente, el desgaste de gobierno ha sido mucho y muy grande, al grado de ir perdiendo fuerza paulatinamente en los municipios y ahora en el Congreso del Estado.
Por ello, la llegada de Libia Dennise García Muñoz Ledo representa para muchos panistas, pero, sobre todo, para millones de ciudadanos la posibilidad de ver un auténtico cambio en la forma de hacer política, así también, en la aplicación de políticas públicas innovadoras y frescas, que vengan a solucionar problemas históricos aún sin resolver.
La pobreza y desigualdad social han sido asignaturas pendientes sin resolver, durante estos 33 años de panismo. La descomposición social ha ido en aumento en todo el Estado. No sólo los municipios más ricos y prósperos del corredor industrial están viviendo verdaderos infiernos en su interior. La mayoría de los municipios, tanto del sur cómo del norte, este y oeste, viven una realidad social y económica muy diferente a la minoría de los ricos.
Sin embargo, los 46 municipios del Estado enfrentan un mismo y grave problema mayúsculo que hoy en día hacen imposible la convivencia y paz social: la inseguridad. Esté gravísimo flagelo sacude en su vida interior, a todos por igual. Municipios pobres en su mayoría y ricos, sólo seis o siete, son sacudidos todos los días por el crimen organizado, que se ha instalado en toda la entidad.
Seguramente está descripción, se asemeja a prácticamente todos los estados y municipios del país, que son azotados por los distintos cárteles de la droga, que hoy operan y gobiernan de la mano de AMLO y su infame 4T, acompañados por autoridades estatales y municipales, que han entregado el mando y gobierno al crimen organizado.
Pero también, otro inmenso fenómeno azota a Guanajuato, la corrupción. Asociado a intereses políticos y de partido, no sólo del PAN, sino de todos los demás institutos políticos que gobiernan en los municipios y ayuntamientos, que han hecho suyos los espacios de poder, cómo botines económicos y políticos para hacer negocios al amparo de sus posiciones y puestos de gobierno.
El “nuevo comienzo” que ha prometido la nueva mandataria estatal, no debe obedecer únicamente a nuevas caras dentro de la administración pública, por cierto, muchas recicladas y actualizadas dentro del propio gobierno del Estado, otros Poderes, en el mismo partido político u otros partidos, sino, a verdaderos resultados en corto plazo.
Los gobiernos paritarios, tan de moda en lo local como en lo nacional, no son garantía de éxito, ni de fehacientes resultados. Los guanajuatenses esperan mucho, mucho, mucho de su primera gobernadora en la historia, pero también, de su equipo de colaboradores. No hay tiempo de equivocaciones.
¡Todo el éxito del mundo! Por Guanajuato y su gente.
¿No cree usted?




