miércoles, septiembre 2, 2026
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El paraguas asesino

Cuando hablamos de armas asesinas, lo primero que nos viene a la mente es una pistola, un cuchillo, un hacha, un machete, una navaja o incluso un utensilio de cocina. Sin duda alguna, entre los últimos objetos que pensaríamos sería un paraguas, cuya función es protegernos de las inclemencias del clima, y nunca asesinar. Sn embargo, durante la Guerra Fría, los servicios de inteligencia aliados al Comité para la Seguridad del Estado de la ex Unión Soviética (KGB por sus siglas en ruso) se valieron de sombrillas para asesinar personas que les resultaran incómodas, cual sí villano de cómics se tratase.
La información abunda en libros sobre la historia de aquellos tensos años y en muchos documentales y páginas web. La técnica se conoce como ‘el paraguas búlgaro’, llegándose a usar en varias ocasiones documentadas, una de ellas letal.
Estos son los hechos. Georgi Markov era un escritor y periodista oriundo de Bulgaria, que en 1969 desertó de la entonces Bulgaria comunista dirigida por Todor Zhivkov. Una vez radicando en Londres, comenzó a publicar artículos exponiendo el régimen de su país, así como las condiciones de su gente. Su prosa era clara y concisa, y sus críticas objetivas. Poco a poco se convirtió en una molestia para aquel régimen, y la policía secreta búlgara, conocida como Darzhavna Sigurnost, en contubernio con la KGB, idearon un plan para matarlo sin que nadie sospechase.
El plan era simple, y al mismo tiempo, macabro y complejo: se modificaba un paraguas para que, desde el mango, funcionara como gatillo. El bastón era hueco para introducir un dispositivo de aire comprimido y finalmente, disparar desde la punta perdigones más pequeños que la cabeza de un alfiler que cubiertos de cera tenían agujeros laterales que, al entrar en contacto humano, dejaban escapar ricino, uno de los venenos más letales que existen y que no tienen antídoto.
Un día 7 de este mes de septiembre, pero de 1978 (fecha del cumpleaños de Zhikov), Markov se encontraba en la parada de autobuses en Londres, para dirigirse a su trabajo en la BBC, cuando de súbito un hombre le golpeó en la pantorrilla con su paraguas. Le pidió disculpas y siguió caminando. En una ciudad tan lluviosa como aquella alguien con una sombrilla pasó desapercibido.
Markov comenzó a temblar y sentirse desorientado. Luego sudó y le dolió la cabeza. Fue llevado al hospital, donde murió tres días después.

IMPUNE
Ante el éxito del paraguas búlgaro, los servicios secretos del Este volvieron a aplicarla. Esta vez con otro periodista incómodo: Vladimir Kostov, quien esperaba el metro en París. El modus operandi fue el mismo, pero él tuvo suerte, pues los paramédicos franceses lograron sacar la cápsula a tiempo, cuya cera no se había derretido. Kostov sigue vivo, con 92 años.
Las referencias a esta inusual arma abundan en la cultura popular. Las hemos visto en series como ‘The Americans’ y se ha mencionado en ‘Breaking Bad’, pero el personaje que cualquiera identifica es al Pingüino, el rival de Batman, quien por cierto este mes cumple 85 años.
A todo esto, surge una pregunta obvia: ¿Quién fue el asesino? hasta el momento, quién fue el responsable del asesinato de Georgi Markov sigue siendo uno de los grandes secretos de tiempos de las disputas entre Este y Oeste.
Uno de los principales sospechosos fue Francisco Gullino, espía danés de origen italiano nacido el 31 de mayo de 1945 que tenía el nombre clave de ‘Piccadilly’. De acuerdo con el documental ‘The Umbrella Assassin’ de 2006 tuvo una plática con los agentes de Scotland Yard Cristopher Bird y David Kemp, donde admite los hechos; aunque no hay nada concreto pues murió en 2021.
En 1989, con la caída del Muro de Berlín, muchos de los documentos clasificados se perdieron, por lo que lo más probable es que la respuesta de quien llevaba el paraguas búlgaro se quede oculta para siempre en la nieve de la Guerra Fría.

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