Los errores burocráticos y digitales ocurren en todo el planeta, en todo momento. A veces, la persona afectada pierde horas enteras para corregir el problema, pero en las ocasiones más graves, tiene que pagar una inmensa suma de dinero hasta perder los ahorros de una vida y su pensión, o peor todavía, ir a la cárcel.
Lo anterior fue lo que le ocurrió en 1999 a 3,500 operadores del Servicio Postal de Reino Unido, demostrando que, hasta en los países del primer mundo pasan esa clase de pifias. Al caso se le conoce formalmente como ‘The British Post Office scandal’ o ‘Horizon IT scandal’ y hasta el día de hoy es el más grande error cometido por la administración pública británica. La situación es todavía más seria cuando nos damos cuenta que el correo inglés es el más antiguo del mundo, pues data de 1516.
El caso es una pesadilla digna de Franz Kafka, que involucra burocracia, errores judiciales y oficinas. Todo comienza cuando el correo de Reino Unido quiso implementar un programa de computadora conocido como Horizon, que facilitaba la contabilidad a todos los subdirectores. Desde el principio, se reportaron varios errores, pero las autoridades lo dejaron pasar. No fue sino hasta 1999 cuando cientos de trabajadores se percataron que las cuentas no cuadraban, y se marcaba un déficit de cientos, y hasta miles, de libras esterlinas.
El gobierno acusó a estos trabajadores por los delitos de fraude, falsedad contable, abuso de confianza y robo. Muchos de ellos tuvieron que pagar la falta de dinero de su bolso, perdiendo los ahorros de toda su vida y la pensión para el retiro. Otros que no pudieron fueron a la cárcel. Muchas personas se vieron afectados por el estrés, y hubo matrimonios que se rompieron. Entre montones de papeleo, cada uno pensaba que era el único que padecía el problema. Pero en realidad eran inocentes. El verdadero culpable era el programa Horizon, creado por la empresa japonesa Fujitsu. Las autoridades del ‘Post Office’ le hicieron creer a cada uno de los afectados que eran el único.
Las cifras eran aterradoras: 3,500 operadores fueron afectados, 700 fueron hallados culpables sin razón, 4 optaron por suicidarse, a algunos se les cobró hasta 44 mil libras.
LA DEMANDA
En 2009, el señor Alan Bates, nacido en 1954 y su esposa Suzanne se reunieron con 550 de los afectados y organizaron una demanda colectiva. Anteriormente, habían dado entrevistas a reporteros, denunciando el escándalo. Fue entonces cuando todo se hizo público. Para una sociedad como la inglesa, tan respetuosa del orden y las instituciones, fue una bomba mediática.
Bates y su mujer no se detuvieron. Después de todo, siendo jubilados, habían tenido que rehacer su vida por aquella metida de pata digital.
“Me quitaron mi sustento, mi trabajo, mi paz, mi dinero y mi reputación”, recordaría después el señor.
Como era de esperarse, las autoridades defendieron a Horizon como un programa ‘efectivo y robusto’, pero, mientras más salía a la luz el gran problema, más se descubría que era deficiente y su programación fue, como decimos en México ‘echa al aventón’; sin embargo, se vendió como una maravilla tecnológica. Al principio, no tomaron en serio a los demandantes, pero con el paso del tiempo el caso fue creciendo y se hizo más y más mediático.
Después de mucho batallar, el fallo del juez fue a favor de los subdirectores de correos, y en 2021 se abrió una investigación pública, pero no fue sino hasta este año que el gobierno británico creó un plan de compensación para las víctimas, el Horizon Convictions Redress Scheme (HCRS).
La historia se convirtió en una excelente miniserie titulada ‘Mr. Bates contra correos’ que más que una narración de crímenes, es un estremecedor drama como solo escritores de la tierra de William Shakespeare pudieron contar.
Eso sí: la moraleja de esta historia es que las caídas del sistema y sus fallos ocurren en todo el mundo.



