miércoles, septiembre 2, 2026
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Cuerpos de agua en León: del esplendor a la nada

Hoy en día, León vive una de las peores sequías de toda su historia. La Presa del Palote está, literalmente, convertida en un erial. De los ríos que rodean la ciudad, se puede decir lo mismo. Lo cierto es que a lo largo de la historia de la Capital del Calzado, la relación de la gente con los ríos y presas ha sido inestable, tal como consta información del Archivo Histórico de la ciudad.

El último cronista de la ciudad, Carlos Arturo Navarro Valtierra, declaró a este medio que León ha tenido una relación intensa con el agua: a veces por exceso de la misma, y en otras ocasiones, por su total ausencia. Eso es una desgarradora realidad.

A lo largo de los años, el ahora seco Río de los Gómez estaba repleto de agua, e incluso, hubo varias ocasiones en que se salió de su cauce. En realidad, este famoso río que cruza la ciudad era un ramal del Río Turbio. Basta con ver fotografías del pasado leonés, para percatarse como lucía bajo el puente Barón. Hoy en día, lo único que se ve es el ardiente asfalto.

Al Río de los Gómez también se le llamó Río Grande, Río del Coecillo o Río de Señora, y ha tenido un vínculo intenso con las y los leoneses, debido a las grandes inundaciones que ha sufrido León a lo largo de los siglos, tal como consta en el libro ‘Inundaciones graves de León, de 1608 a 1998’ cuyo autor es el ya citado cronista.

Desde que se trazaron las primeras calles de la ciudad –señala el documento antes mencionado- la mancha urbana se vio cruzada por diferentes corrientes pluviales. La gran mayoría eventuales, debido a las temporadas de lluvia. Las más llamativas y desastrosas durante el tiempo de lluvia fueron las del antiguo Río de Señora (que hoy día es el de los Gómez) con origen en los cerros de Los Castillos y el Río Turbio.

Entre los arroyos destaca El Muerto, Las Liebres, Mariches, que procede del noreste y el Machigües, que viene del Cerro Gordo. La sequía actual ha llegado a tal grado, que en su momento los cauces originales de ambos llegaban a lo que ahora es la Miguel Alemán y el mercado Aldama.

El libro sobre inundaciones de Navarro Valtierra, escrito en 2008, ya anunciaba lo que se vive hoy en día: “a medida que se extiende la mancha urbana, los arroyos quedan aprisionados entre construcciones, pretendiéndose, muchas veces, restarle su cauce”.

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