Algunos asesinos en serie son capturados de forma rápida y eficaz, mientras que otros permanecen en las sombras durante años, sembrando el terror en pequeñas comunidades. Como si se tratara de malos presagios, matan a una víctima, llaman la atención de los medios y las fuerzas del orden, y mientras tienen su periodo de enfriamiento (término que en la ciencia de la perfilación criminal hace referencia a cuando estos psicópatas suspenden su actividad ofensiva) todo mundo se tranquiliza; pero, la calma no durará mucho.
Uno de los asesinos en serie que encajan en este patrón fue Dennis Rader, quien se apodaba a sí mismo ‘BTK’ porque a todas sus víctimas las ataba, torturaba y mataba (Bind, Torture y Kill, por sus siglas en inglés) y aterrorizó la ciudad estadounidense de Wichita, Kansas, de 1974 a 1991.
Como suele ocurrir con los casos mediáticos de asesinos en serie, la gente se enfoca en Dennis Rader, y suele pasar por alto la pericia de los policías, detectives y criminólogos que le dieron caza con su ingenio. Estas son sus historias.
Durante los años setenta, ochenta y noventa, la ciudad de Wichita era asediada por un infame asesino en serie. Empezó matando a los 4 miembros de la familia Otero, y siguió asesinando mujeres en su gran mayoría. Entraba a las casas de las víctimas y las ataba, para luego asfixiarlas con una bolsa de plástico o ahorcarlas con cuerdas anudadas de forma hábil. En su descaro, dejaba mensajes a los periódicos y la policía: muñecas Barbie amarradas, poemas describiendo sus crímenes y cartas. Firmaba como ‘BTK’.
Al principio, la policía no creía que era un asesino en serie, pero tuvieron que aceptarlo y empezar a investigar. Conforme pasaban los años, fundaron un equipo de trabajo especial al que nombraron ‘Los cazafantasmas’ en homenaje a la popular película que hoy exhibe su cuarta parte. Después de todo, eran hombres buscando un ser del que no se sabía nada concreto, cual espectro. Como dato cultural, no debe sorprender que un equipo de detectives se bautice como un producto de la cultura pop. Hay otros ejemplos como ‘la Operación Angry Birds’ que fue para desmantelar una red de peleas de gallos en Nueva York, o el hecho de que muchos militares tomen el cráneo de Punisher como su emblema. Incluso, libros como ‘Cómics: miradas desde el arte y la ciencia’ editado por la BUAP y coordinado por Roberto Coria y Erick Gómez-Tagle, muestra los diferentes enfoques de cómics y películas en temas como el derecho penal y la criminología.
Volviendo al caso, Los cazafantasmas empezaron a investigar quién podía ser BTK, asesorándose con Robert Ressler, uno de los mejores perfiladores del FBI en toda su historia. Entre los detectives locales más destacados estaba Ken Landwher, quien le seguiría la pista mientras ascendía en la corporación.
EL DISQUETE DEL DELITO
BTK era un tipo con un ego infladísimo. Se sentía un genio criminal de película y solía enviar pistas a la policía. En 2004, cuando se pensaba que el caso estaba perdido y encajonado, preguntó su podía enviar un disquete con información. Ken Landwher estaba muy, muy cerca. El asesino se puso la soga al cuello con uno de sus nudos.
Los informáticos buscaron en los metadatos del disco, descubriendo que había un documento de la congregación luterana con el nombre de Dennis. Uniendo pistas se dieron cuenta que el criminal no era un malvado monstruo sobrenatural, sino un padre de familia que participaba en la sociedad y llevaba a su hijo a los scouts y enseñaba nudos. Su nombre era Dennis Rader, quien fingía ser unhombre común y corriente. Fue condenado a cadena perpetua por 10 asesinatos a sangre fría. Así, la justicia fue más astuta que el criminal.
Al lector que le interese el tema, puede consultar el libro ‘Perfiles criminales’ del criminólogo español Vicente Garrido, y las películas ‘Mr. Brooks’ y ‘El asesino del nudo’, que claramente se inspiran en BTK.




