Para algunos comerciantes ubicados en el bulevar Timoteo Lozano, ver accidentes y choques debido al cruce del ferrocarril se ha convertido, poco a poco, en parte de su cotidianeidad, como atender a los clientes o ganar dinero.
Los accidentes y la inseguridad en las zonas aledañas a las vías del ferrocarril suelen ser comunes, por lo que los comerciantes y vecinos recomiendan que haya más vigilancia por parte de tránsito. Uno de los muchos lugares es cerca de la antigua estación de ferrocarril, y otro, por el bulevar Timoteo Lozano, específicamente rumbo al camino que conecta San Juan De Abajo y la Diez de Mayo.
TRÁNSITO
En dichas áreas de la ciudad, el tránsito es constante: tránsito del tren, de vehículos, de bicicletas, de motocicletas, de camiones, de tráiler y de personas a pie. Los choques y accidentes, así como los vehículos que son arrastrados por el tren, se convierten en algo común. Conviene recordar cuando en abril, en el crucero por la vía ubicado en la colonia Los López, el tren arrastro un tráiler.
Entretanto, en la colonia Diez de Mayo, vecinas como Renata Suárez y Alma del Bosque, saben que “el relajo del tren” como lo llaman, es cosa de todos los días. El problema es que no siempre hay oficiales de tránsito… quienes sí hacen su trabajo de forma óptima, pero desgraciadamente tienen que atender otros asuntos, apuntan las amas de casa que caminan por el bulevar, rumbo a la vía del ferrocarril.
Dafne Ramírez es otro ejemplo de vendedores que son testigos de lo que sucede en las vías del tren. Trabaja en un local de venta de quesadillas, adornado con imágenes de actores de la época de oro del Cine Mexicano, como María Félix y Pedro Infante. En un año que tiene laborando allí, señala haber atestiguado al menos 6 choques de diferente magnitud. Particularmente, recuerda una camioneta que “patinó” de las vías del tren s su local.
Otro caso es el de Ezequiel Hernández, quien trabaja vendiendo partes metálicas a orillas de la vía del tren. Recuerda, por ejemplo, el caso de un amigo suyo que murió en la zona y ahora de su recuerdo queda una cruz a unos metros del bulevar.
“Ojalá que ya nunca veamos esto” anhela el señor Hernández.




