La historia verídica del caso de la desaparición de John Darwin solo pudo ocurrir en Inglaterra, un país que se caracteriza por tener una narrativa poseedora de un humor ácido y sarcástico. Tiene todos los ingredientes de una historia de equívocos, y es 100% real. Incluye problemas económicos, estafas, fraudes, desapariciones, malos entendidos, supuestas amnesias, y finalmente, justicia.
Nuestra historia comienza en Seaton Carew, en Durham, Inglaterra. Allí vivía el matrimonio formado por John Darwin (nacido en 1950) y Anne Stephenson. La pareja se había casado joven, tuvieron dos hijos y vivía con aparente tranquilidad, gracias a su sueldo como profesor universitario. Un buen día, la pareja decidió emprender, aprovechando las playas de la zona, que atraían el turismo de Gran Bretaña y parte de Europa.
Con un préstamo, compraron dos casas que convirtieron en un hotel, esperando que la gente llegara, se hospedase, y en poco tiempo recuperaran la inversión, pero no pasó así. Comenzaron a perder dinero, con el paso del tiempo a endeudarse y a deber millones de libras.
Presionado por la mala suerte y la pésima inversión, el 21 de marzo de 2002 John salió a remar en su kayak. Entonces, desapareció. La canoa fue encontrada días después, destrozada y sin remos. Anne hizo lo posible por encontrar a su esposo, pero tuvo que aceptar la triste realidad y darlo oficialmente por muerto. Expidió un certificado de defunción. Y cobró un cuantioso seguro de 300 mil dólares, además de saldar la hipoteca. La viuda vivió su duelo viajando por el mundo e intentando superar la pérdida y mudándose a Panamá.
Hasta aquí es la historia de cualquier matrimonio. Sin embargo, el caso daría un giro inesperado.
LA VERDAD
John Darwin estaba vivo.
Todo se trató de una elaborada e intrincada estafa ideada por el matrimonio: El hombre se escondió en una habitación secreta del hotel que administraba, y después salió de Inglaterra rumbo a Chipre, con un pasaporte falso. Así mantuvieron la mentira hasta que el caso de su supuesta ‘desaparición’ perdió vigencia en los medios de comunicación.
Varios vecinos de Seaton Carew aseguraron haber visto a John, pero en el momento no pudieron comprobar nada. Incluso uno de ellos, de nombre Lee Wadrop le comentó, con ese característico humor británico: “¡Caramba! ¿Qué no deberías de estar muerto?”.
Pero el 14 de julio de 2006 la pareja decidió comprar una finca en Panamá. El agente de bienes raíces, feliz por haber cerrado la venta con aquellos extranjeros, les tomó una fotografía, que subió a una página enfocada en gente que planeaba mudarse a dicho país. Sin saberlo, Anne y su esposo permitieron que se difundiera la evidencia digital. Poco a poco la mentira de Darwin salía a la luz.
El 1 de diciembre de 2007, John entró a la estación de policía del West End de Londres, harapiento y desconcertado. Aseguró que no recordaba nada de lo que había hecho los últimos cinco años. En un principio, la gente le creyó su supuesta ‘amnesia’, pero había más pruebas en su contra, como el envío de dinero de Inglaterra a Panamá.
La pareja fue sentenciada en julio de 2008 a seis años de prisión, por delitos como fraude, lavado de dinero y falsificación de documentos oficiales.
El caso de Darwin se ha convertido en la miniserie “El ladrón, su esposa y la canoa” y está ampliamente documenta en libros como “Playing Dead” de Elizabeth Greenwood, así como reportajes del Daily Mirror y la BBC, donde no pueden evitar comparar los hechos con una película.
La propia Anne, que salió en libertad en 2011, narra sus experiencias en el libro autobiográfico “Out of My Depth”. Hoy en día, después de cumplir su condena, ha vuelto a rehacer su vida, lejos de John.
No cabe la menor duda que en muchas ocasiones, los casos de desapariciones misteriosas tienen poco de lo primero y nada de lo segundo.




