Durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, Graham Frederick Young se convirtió en la noticia principal de muchos de los periódicos de Gran Bretaña, por haber envenenado a tres personas. Su personalidad astuta y falta de empatía lo convirtieron en un monstruo para los ingleses y le otorgaron el apodo de “El Envenenador de la Taza de Té”.
La historia, ya de por sí increíble, tiene un elemento aún más inverosímil: una de las pistas que condujeron a su captura fue una obra de ficción: La novela de misterio “El misterio de Pale Horse” escrita por una de las más grandes autoras de literatura policiaca de todos los tiempos: Agatha Christie.
“El misterio de Pale Horse” trata sobre el escritor Mark Easterbrook, quien se ve vinculado a una serie de muertes, de apariencia inexplicable, vinculadas supuestamente a las maldiciones y la magia negra. Apoyado por su amiga la detective Ariadne Oliver, descubrirán que todo tiene explicación lógica, pues los fallecimientos se deben a envenenamiento por talio, que al ser altamente soluble en agua y no tener sabor, puede producir la muerte sin dejar muchas pistas. Algunos síntomas incluyen pérdida de cabello y neuropatía periférica. Christie investigó tan bien la intoxicación, que ayudaría a salvar vidas.
Hoy en día, la obra de esta escritora está más viva que nunca gracias sus adaptaciones fílmicas: “Asesinato en el Expreso de Oriente” y “Muerte en el Nilo”.
Ahora, pasemos al siniestro envenenador.
PERSONA TÓXICA
Graham Young nació en 1947, en el seno de una familia inglesa de clase media, muy conflictiva. Con un coeficiente de inteligencia muy alto, que se descubriría después; él se comenzó a interesar por el nazismo, la literatura y, sobre todo, los venenos. Su fascinación por la toxicología y la química lo llevaron a conseguir belladona y antimonio, que vertía en la comida de la familia, a quienes al igual que sus amigos, usaba como conejillos de indias.
Tras la muerte de su madre, el padre de Young se casó de nuevo, despertando celos en el niño de 14 años, quien decidió envenenar a su madrastra. Primero se pensó que era una muerte natural, pero Winnie, la tía del asesino, supo que algo no cuadraba y dio aviso a las autoridades, quienes descubrieron a Graham y lo recluyeron en el sanatorio psiquiátrico de Broadmoor.
Young saldría libre a los 24 años y conseguiría trabajo en un laboratorio fotográfico donde, como diríamos en México, “se dio vida” con todos los químicos que tenía a la mano. Manteniendo un perfil bajo entre sus compañeros laborales, se ofreció a preparar la hora del té (costumbre muy inglesa) y de paso, a verter talio en las tazas asesinando a Bob Eagle y Fred Riggs.
Lo primero que las autoridades creyeron fue que era un virus, pero los forenses y detectives de Scotland Yard eran lectores de Christie y su novela, descubriendo los síntomas del envenenamiento. El asesino fue arrestado y durante el juicio se citó la novela. Fue sentenciado a cadena perpetua porque le hallaron una libreta con un registro de todos sus crímenes. Hoy, la obra de la llamada “Reina de la literatura misterio” sigue viva, mientras que Young murió en 1990.
Otro caso en el que “El misterio de Pale Horse” ayudó fue el 24 de junio de 1977, cuando la enfermera Marsha Maitland, quien leía el libro en cuestión y mientras cuidaba a una niña a la que se le había caído el cabello y estaba inconsciente. Tras darse cuenta que todos los síntomas encajaban, se lo hizo saber a su superior, el médico Victor Dubowitz. Tras indagar a fondo se dieron cuenta que la pequeña había ingerido insecticida por error.
La información de estos casos se puede confirmar en diversos diarios ingleses como The Guardian, Daily Mail, y la página web de la autora (agathachristie.com/stories/the-pale-horse) quién sin planearlo, descubrió un crimen como lo hubieran hecho sus personajes.



