Los habitantes paracaidistas del terreno ubicado en los límites de la colonia San Francisco, conocido como Piedra Azul, tienen que soportar no solo vivir en un predio irregular, sino además el terrible calor que afecta a todos los ciudadanos leoneses.
A finales del año pasado, un grupo de pracaidistas se instaló en el predio de la colonia San Francisco. Hasa el momento siguen allí instalados. Apenas han mejorado algunas de sus condiciones: les siguen faltando los servicios más básicos, como pavimentación, luz y gas. Uno de los más apremiantes, al menos de momento, con el aumento del calor, es el agua.
El calor se siente en el terreno, entre la polvareda que levantan los camiones que esporádicamente pasan. El único lugar donde la gente se puede surtir de líquido es en una toma de SAPAL ubicada en la esquina del lugar, o bien, comprando una botella de agua de alguna abarrotería cercana. Fuera de eso, queda esperar a la pipa.
Las casas están compuestas por maderas, techos de lámina, cobijas de segunda mano o alambres. Para algunos incluso, contar con un ventilador ya es hablar de un lujo extravagante.
Todas las edades se ven afectadas por el calor, desde personas de la tercera edad hasta niñas como la pequeña Alondra y su hermana. Saben que hay además toda clase de alimañas que deben de ematar cuando aumenta la temperadura, como son las arañas.
‘SECOS HASTA
LOS HUESOS’
La señora Francisca Bustos y el señor Juan López viven en el predio. Ambos nacieron durante la década de los 1930. Con el paso del tiempo se asentaron en el lugar. “Estamos secos hasta los huesos”, dice la señora.
“A veces aquí no pasa ni la pipa. Nos surtimos de agua en la tiendita. Por suerte, tenemos un hijo que nos ayuda. Apenas tenemos que comer y qué beber”, dice el señor López.
Han montado una cabañita improvisada con techo de sábanas. Así es como toleran el calor.




