Uno de los elementos característicos del Día de San Valentín son, sin duda, las tarjetas. A veces con corazones y diamantina, otros, con dibujos cursis o tiernos animalitos. Las tarjetas han acompañado el catorce de febrero (ya a un tiro de piedra) durante generaciones enteras.
Hoy en día, estas tarjetas no han desaparecido, sino que han mutado al mundo digital. En lugares como la calle Josefa Ortiz las vemos a todo tipo de precios y con todo tipo de papel. Asimismo, se pueden conseguir en papelerías, tiendas de autoservicio e incluso, se envían por WhatsApp o se suben al muro de Facebook y se etiqueta al ser querido en cuestión. Pero… ¿Cómo empezó esta costumbre?
A mediados del siglo XIX eran una novedad y ni siquiera se consideraba una tradición para el 14 de febrero.
Corría el año 1849 cuando a la hija de un empresario de papelerías de Worcester, Massachusetts; llamada Esther Howland, decidió vender tarjetas con motivos románticos y amorosos para el 14 de febrero, inspirada en una misiva que le regaló un amigo suyo y socio comercial de su padre, oriundo de Inglaterra. Esther supo que aquella era un área de oportunidad, y comenzó a difundir las tarjetas.
Con el paso del tiempo, se convirtió en una empresaria exitosa que transformó la costumbre de las tarjetas de Día de San Valentín en una costumbre que ha perdurado hasta el día de hoy. No en vano, la prestigiosa revista Forbes la llama “Cupid’s Capitalist” (“La Capitalista de Cupido”).
Hoy en día, aunque la pandemia ha limitado la impresión y el encarecido papel, esta costumbre se mantiene en las redes sociales. Prueba de ellos con la página web “Greetings Island” donde se pueden encontrar diferentes tarjetas para imprimir o regalar. Por otro lado, está la página de “Adobe.com” o “Canvas” donde se pueden crear, diseñar o imprimir cualquier tipo de diseños para regalar en el Catorce de Febrero, que se celebra este lunes.




