Hace justo 50 años, en enero de 1971, la revista Artes de México presentó en su portada un retrato que jamás había sido exhibido en un museo y un nombre que sólo unas cuantas personas en León habían escuchado alguna vez: Juan Nepomuceno Herrera.
Casi de manera simultánea, también en León, la histórica Casa de las Monas, una señorial casona del siglo XIX ubicada en el primer cuadro, fue habilitada a toda prisa para alojar una serie de exposiciones, organizadas por Wigberto Jiménez Moreno, como parte de las tradicionales fiestas de enero. Una de estas exposiciones fue la primera dedicada al insigne pintor, fallecido casi un siglo antes.
La exposición y el artículo central de Artes de México, firmado por el destacado virreinalista mexicano Gonzalo Obregón, fueron la semilla de la recuperación, tras años de olvido, de uno de los artistas más grandes de Guanajuato y un retratista que algunos consideran el más destacado en el México del siglo XIX, con perdón quizá, de su ilustre paisano Hermenegildo Bustos.
Con la muerte de Juan Nepomuceno Herrera en 1878, un velo de oscuridad y desconocimiento se abatió paulatinamente sobre su obra, al punto que durante casi un siglo permaneció como una figura semianónima, con cuadros no siempre firmados, dispersos y confinados en casas familiares, iglesias y sacristías.
Buena parte de las piedras con las que se edificó la muralla que ocultó la memoria del artista leonés las puso él mismo, dado su carácter discreto y su trabajo acotado a un ámbito casi doméstico. Como diría la historiadora mexicana María Ester Ciancas en su tesis de maestría: “ni él trató de darse a conocer, ni hubo quien se interesara en hacerlo”.
El siguiente hito investigativo sobre el artista leonés sería el artículo de Gonzalo Obregón en Arte de México, titulado “Un pintor desconocido: Juan N. Herrera”. La figura de Gonzalo Obregón sería trascendental no sólo para el conocimiento de la obra de Juan Nepomuceno Herrera, sino también para su conservación, pues con paciencia y tino fue adquiriendo a lo largo de su vida un buen número de cuadros del artista.
Herrera mostró su talento natural desde temprana edad y aunque queda claro por su obra que debió recibir una preparación formal, no existen registros documentales que puedan ubicar dónde la recibió. El arte religioso, frecuentemente reproducido desde cuadros de otros autores, y el retrato, serían las líneas fundamentales del trabajo plástico del leonés.
Los historiadores y críticos destacan el virtuosismo de Juan Nepomuceno Herrera en captar la fisonomía y la personalidad de los sujetos retratados, así como su tino en la representación de las manos, que solían ser un elemento en extremo desafiante para los artistas de su época.
En este último medio siglo, la obra de Herrera se ha revalorado, motivando libros como “Juan Nepomuceno Herrera. Los lindes del retrato”, o exposiciones como las presentadas por Mi Museo Universitario De La Salle, en León. Los cuadros más relevantes del artista pueden apreciarse en la colección permanente del Museo de la Ciudad de León.




