Había una vez, como nunca antes y ahora en el centenario mercado, entre calabacitas tiernas, zanahorias, papas, lechugas, cebollas, ajos, jitomates, cilandro y perejil, elotes, pastas, naranjas, manzanas, peras, limones, melones, piñas y sandías; y carnes de pollo, res, puerco y pescado, incluso en chicharrón, albóndigas y chiles rellenos de fondas, en que llegó, se instaló y se ofreció la novedosa y atractiva mercancía:
-Si hay, bara, bara: mire pásele, léalos, cómprelos, llévelos…en ofertas…
-Cuánto cuesta el kilo de libros…un medio…y el cuartito de letras…
Que historiadores dieron cuenta de hechos y la verdad los hizo libres y por su raza habló el espíritu, filósofos justificaron no saber nada hasta no ver y creer, porque pensaron y luego existieron con circunstancias, que poetas pudieron escribir los versos más tristes al ser arquitectos de sus destinos y siendo novelistas no se querían acordar de algún lugar de sus cien años de soledad soñados en el aire y pedían no les mataran en caliente agua para chocolate en estas ruinas que vieron cuentistas.
Sí, ahí están, al aire libre y en la mercadería entre colores, olores y sabores a llevar cual sopa de letras. Invitan a la lectura que es cultura, saboreando manzanas o naranjas y la despensa para llevar con ajos, jitomates, chiles, cebollas, limones, frijoles, pastas, huevos, entre otros.
Los grandes pensadores y escritores, acostumbrados que estuvieron en sus círculos intelectuales a los elogios y galardones, que ofrecieron charlas, pláticas y las ahora denominadas pomposamente “conferencias magistrales”, tal vez nunca se imaginaron estar presentes y tan cerca con sus obras ante la ciudadanía en mercados populares, ni lo idearon, menos lo llegaron a pensar, pese a que de la sociedad se nutrieron.
Los libros se leen, no son solamente papel y tinta, también en sus lecturas el imaginario colectivo detecta los olores, colores y sabores, la esencia del saber y las cosas, ayudan a entender y comprender el mundo que nos rodea, por las historias, propuestas y obras de quienes nos antecedieron y también de contemporáneos.
Todo ello, porque con sus lecturas comparten sus ideas y experiencias y, ante todo y en silencio, sin reclamos ni reproches, siempre están ahí presentes, como los mejores amigos que orientan y aconsejan sin condiciones y que en cualquier parte siempre acompañan.
Si desaparecieron librerías por diversas circunstancias, como económicas, falta de lectores o por los efectos de la tecnología moderna, se crean otras para estar más cercanas a los potenciales lectores, incluso en sencillos estanquillos, puestos semifijos y en mercados populares.
OPINIONES
Entre kilos de carnes, frutas, verduras y especies, bien se pude llevar un buen pedazo de aguallón o sus naranjas, plátanos, guayabas, papayas o mazanas, lentejas, arroz, habas, garbanzos, pimienta, canela, comino y albahaca, que sirven de olores y sabores para disfrutar sus preferencias.
-Me da un kilo de carne molida y el libro de Lope de Vega.
-A mí, me gustan los cuentos como Las Mil y Una Noches.
-Saber leer, es conocer, como en Los Versos Satánicos de Rushdy.
-Quiere las obras completas o se las cortó en capítulos por cachitos.
Que en opiniones de ciudadanos y turistas consultados que fueron a su paso, vertieron sus impresiones de encontrar libros en el mercado, como un atractivo más, para que ilustren y amplíen sus conocimientos:
-Uff, apenas gano para el gasto menos par libros: comerciante.
-Ah, poco, resulta que los libros de venden de a kilo: carnicero.
-Achis, eso dijo, pos no sé, no leo, el libro es caro: trabajador.
-Újule, ´pos no sé, la mera verdad, ´pa que le miento: minero.
-Leí a Cervantes, Rulfo, García Márquez y los releo: maestra.
-Ándale mamá, cómprame El Principito, sí, espérate: niña y ama de casa.
-Leer con jitomates y naranjas, súper chido, es cultura: estudiante.
-La cultura está en todas partes, se aprende y es nuestra: catedrático.
-Leer cuesta más que dinero, es conocernos, vendo cultura: expendedor
-Hummm, apenas tengo para atender clientes, leer, menos: secretaria.
-Sin leer no conocemos y sabemos, somos improvisados: historiador.
-Vengo de Chihuahua: impresiona ver libros en el mercado: turista.
OBRAS
Sí, ahí están en estantes y en cajas de libros de la novelística nacional, como Santa de Federico Gamboa, las críticas y obras completas de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Alfonso Reyes y las crónicas de Monsiváis y de Elena Poniatovska, así como textos históricos prehispánicos, de la colonia, independencia, revolución y hasta antologías de la cuentística mexicana, por mencionar algunos, aparte de la historia y literatura universales bellamente ilustrados y encuadernados.
Libros de casi todos los autores con sus obras, semijuntos, apretujados se exhiben en sencillos estantes y se encuentran ansiosos a la espera de ser adquiridos y leídos por sus lectores con narraciones extraordinarias.
Comparten espacios con los locales de carnicerías, fondas, frutas y verduras, que se impregnan los textos en sus variadas presentaciones con los olores del ajo y la cebolla, el chile y el jitomate, hasta por los aromas de las fondas de las cocinas populares y de los tacos sudados.
De obras clásicas de filosofía y novelísticas como La crítica de la razón pura…Ladrona de libros…El Principito…El México Bárbaro…Mujercitas…El Anticristo…El Evangelio según Jesucristo…Humano, demasiado humano, La Divina Comedia…La Ilíada y La Odisea…Las buenas conciencias…El hombre de la rosa…Ensayos, Poemas, versos, Rimas, Crónicas y Leyendas, Cuentos de Amor, Viajes, Misterio y Terror.
EDICIONES
Pues sí, se encuentran sus obras editoriales a la rústica o empastados en oferta, que se expenden en estanquillos y puestos semifijos en las inmediaciones del mercado Hidalgo, incluso en la cercana plaza Gavira.
Que los libros se niegan a desaparecer a pesar del avance tecnológico y consulta por internet o a través de las ahora llamadas redes sociales, que son consulta, pero carecen de contenidos, dijeron expendedores.
Afirmaron que los libros, pese a todo, se siguen vendiendo y al acudir los interesados, como ávidos lectores de las más diversas obras históricas, literarias, artísticas, científicas o filosóficas.
En apretujados locales o puestos semifijos, se encuentran al menos dos puestos de venta de libros en la plaza de Gavira, en las cercanías del centro de abasto popular, el más concurrido por parroquianos, lugareños, estudiantes y visitantes.
Y además, falta contar a los expendedores en estanquillos de periódicos y revistas, donde además exponen, semanalmente, las novedades de las obras impresas de Los Grandes Pensadores, cuya adquisición por los interesados hacen que se agoten las ediciones de inmediato, debido a su óptima presentación y precios accesibles.
EJEMPLOS
Los más de cinco mil años de historia filosófica del griego Aristóteles, se pueden adquirir sus obras en grueso tomo empastado en 150 pesos, mismo precio por la obra que compendia sus escritos del alemán Friedrich Nietzsche o las del francés Jean Paul Sartre y también de los españoles Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset.
Obras de Premios Nobel de Literatura, como escritores latinoamericanos, como los Cien Años de Soledad del colombiano Gabriel García Márquez en presentación económica en 200 pesos y Los 20 Poemas del chileno Pablo Neruda en tan solamente 50 pesos.
VEN PASAR
Los libros, inmóviles, colocaos en sencillos estanquillos o tablas, pareciera que contemplan el ver a diario pasar a las multitudes, entendidas entre cargadores, vendedores, amas de casa, turistas y curiosos, y algunos de ellos detendrán su interés por adquirirlos.
LLEGARON LOS LIBROS
Entre las variadas mercancías del mercado, ahora también llegaron los libros apretujados en cajas y que luego se exhiben en estantes.
Que los adquiere lo mismo una señora, un obrero, universitarios, un minero o agente de seguridad y turistas, entre otros.
Todos interesados y curiosos por conocer en sus textos el quehacer, genio y creatividad de autores quienes aportan sus ideas y conocimientos de manera directa, leyendo hoja tras hoja, aunque sea por espacios de unos cuantos minutos en que ganarán más tiempo en conocer el mundo que vivimos y nos rodea.
Las presentaciones van desde los llamados libros de bolsillo o tamaños media carta o de una cuartilla, accesibles y económicos empastados o a la rústica.
DESAPARECIERON LIBRERÍAS
Durante los últimos veinte años desaparecieron al menos media docena de librerías en la ciudad, por diversos motivos.
Antaño se encontraban las librerías universitaria, la de Cristal, San Roque, San Fernando y del Conacyt, entre otras, además de varios expendios de libreros de viejo.
Además, la que en un tiempo funcionó y generó gran atractivo fue la Feria del Libro de Arte, que organizaban instancias del Festival Internacional Cervantino –FIC-, la cual operó durante las décadas de los noventas del siglo pasado XX y principios del actual XXI, pero desafortunadamente no la volvieron a implementar.
En la actualidad, fue repuesta la librería universitaria y opera otra de la compañía editorial Porrúa, y otro expendio sencillo por la calle de Alonso y los dos puestos y un estanquillo en la plaza de Gavira.
Pese a la desaparición de librerías, por diversos motivos, principalmente por los efectos de la moderna tecnología, lo cierto es que se niegan a desaparecer y se crean otras, incluso en centros de abasto popular.
PERMANECEN
Como atractivo para los lectores, permanece la otrora feria del libro de la Universidad de Guanajuato, que cada año en Semana Santa realiza una muestra con la participación de las principales casas editoriales del país, que con más de 50 años de existencia inició en el Jardín Unión, se le trasladó luego a la plaza de San Fernando y actualmente se realiza en el ex convento jesuita.
Y en temporada veraniega, como cada año durante los meses de julio-agosto, se instalada la feria del libro de viejo, bien sea en el jardín Reforma, explanada de la Alhóndiga, plazas San Fernando e Hidalgo o en Pozuelos, donde se pueden adquirir verdaderas joyas y pieza editoriales incunables, hasta colecciones, diccionarios y enciclopedias.
INTENTOS
A través el tiempo, han sido numerosos los intentos de las diversas instancias por el fomento e impulso a la lectura.
Si bien con base en las estadísticas se encuentra a una sociedad que poco lee, la realidad no es otra cosa que se resta importancia a las campañas porque la logística y operatividad implementadas no funcionan, carecen de idea y propuesta a los potenciales lectores; y menos aún con el arribo y proliferación el internet y redes sociales.
Ahora, sobresalen intentos de afanosos que se niegan a desparecer, instalándose con sus expendios en las cercanías de los mercados.
Porque los libros también se huelen, saben, se tocan, tiene color y atractivo y en sus hojas se guardan tesoros del conocimiento, solamente es cuestión de apreciaciones y de tener iniciativa e interés por el saber.
REFLEXIÓN
-Abran paso, ahí va el golpe…ay libros para todos, cuáles gustan…
-Yo quiero mujercitas….
-A mí, dáme los cuentos de misterio y terror…
-Yo quiero la antología de biografías…
-La novela histórica me apasiona…
-Son puros cuentos, no les crean…
-No traigo mucho dinero y cuánto cuestan…
-Ah, caray, es cierto eso que dicen, pero cómo lo supieron…
-Y es cierto lo que dicen o lo que escriben o son puros inventos…
-Se los aprendí, pero me cae que no lo sabía, pura verdad, la neta…
-Cuesta mucho trabajo leer y aprender, pero ayuda a crecer…
Los libros son, a no dudarlo, el tesoro del conocimiento, la niñez, juventud, los adultos y personas mayores se han formado en ellos, tan solamente al leer sus líneas impresas en las páginas y comprender.
Sí, ahí están, libros que encontrarás con todas sus letras y palabras; y el conocimiento hallarás, mejor educación tendrás y triunfos lograrás.




