Por segundo año consecutivo, la comunidad católica y los feligreses de esta ciudad no podrán celebrar el tradicional viacrucis, con el cual se conmemora la pasión de Cristo, debido a la contingencia sanitaria por la pandemia del Covid-19.
El rector de la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, Rubén de la Cruz Martínez, informó que desde el inicio del periodo conocido como la Cuaresma se decidió que las celebraciones se suspenden, debido a la alta cantidad de personas que suelen concentrarse en ellas.
“Lo hemos informado con tiempo y en este año no habrá la ceremonia de la pasión de Cristo, las iglesias en donde se efectúa este pasaje van a estar cerradas” dijo.
Con la decisión de las autoridades religiosas de esta ciudad, se espera que miles de personas se queden en sus casas y dejen de acudir a estas celebraciones que han sido interrumpidas por la más grave enfermedad que los cuevanenses han enfrentado en el último siglo.
De esta manera se suspenden las actividades religiosas del Viernes Santo en lugares como el templo de la Compañía, San Roque, San Sebastián y Cata en la zona centro, así como las que ocurren en Marfil, Santa Rosa, Santa Ana, entre otros lugares.
El clérigo llamó a la colaboración de los habitantes de la ciudad para evitar aglomeraciones en calles, vialidades y otros espacios públicos de la ciudad, debido a que el coronavirus se mantiene en constante contagio.
“No podemos exponer a la gente por la enfermedad es mejor que estén en sus hogares, que oren en familia, que estén unidos y más que nunca cuidando unos de otros”, afirmó.
Recordó que ya son dos años que estas tradiciones católicas se suspenden, como medida de prevención, algo que no ocurría en las épocas recientes y menos a causa de una enfermedad.
De la Cruz Martínez señaló que con las actuales circunstancias es tiempo de orar y unirse en familia, para poder superar una enfermedad que ha colocado al ser humano en una situación muy complicada.
De acuerdo con instancias municipales de seguridad, este tipo de tradiciones solían reunir hasta unas 16 mil personas en las diversas iglesias, templos y espacios públicos donde se llevaban a cabo.
Para su adecuada vigilancia se instrumentaba un operativo de seguridad, en donde participaban varias instancias municipales, las cuales ahora tendrán que dedicarse a otras labores.




