Los políticos con independencia de los partidos a los que dicen pertenecer, forman un conjunto al interior de la sociedad, cuya finalidad ética, es contribuir con su talento, poco o mucho, a la consolidación de un proyecto de país, en donde quienes en él viven, sean capaces de realizarse como seres más o menos racionales y a partir de ahí, buscar la libertad y en ella la felicidad.
En los tiempos modernos y como producto de la explosión demográfica, se tienen pocas exigencias para ingresar a ese selecto grupo, de donde resulta la primera falta de probidad, pues asumir una función para la que no se tiene la capacidad para hacer efectivo el proyecto de nación, en la parcela que se nos asigne, resulta fraudulento y se traduce en fracaso en las aspiraciones de los legisladores, que deberán proveer de mejor manera, para que el político sea capaz de adquirir la aptitud para el desempeño del cargo, cualquiera que este fuere.
Es evidente que la humanidad en su conjunto, vive momentos de gran confusión, pues nunca esperaba que le dieran la sorpresa de tener al lado compañeras y compañeros con depresión y ansiedad, sin que los métodos tradicionales para mitigarlas puedan utilizarse, pues el aislamiento y el temor a una muerte inimaginable, aterra y paraliza, hasta a las sociedades más preparadas para contender con las emergencias.
La depresión y la ansiedad, vuelven a la sociedad más proclive al deterioro de sus naturales defensas, ante los ataques de virus y bacterias contra los cuales podía luchar con regular margen de éxito.
En tanto, los gobiernos también resultaron paralizados por las mismas razones y la población se siente indefensa, ante la carencia de asideros para buscar refugio o consuelo. Así que en nuestro caso, nos disponemos a elegir, a quienes conozcan el método para paliar la ansiedad y volver a vivir cierta normalidad, que esperamos sea de vuelta, pero hay motivos para pensar que nunca más será igual, por lo menos para la generación aún con vida.
Las anteriores consideraciones, nos llevan a pensar en la necesidad de fortalecer las instituciones para que sirvan de base para llenar la carencia que se ha traducido en angustia, ansiedad y depresión, elementos que conducen a la parálisis y, en ella, será muy difícil encontrar la salida, aunque sea sólo menos mala.
Conductores decididos, eficientes y preparados para enfrentar el sufrimiento generalizado que la crisis genera, son indispensables. Esperar que las cosas se compongan solas, sin cambiar la estrategia, es suicida. Son necesarias, acciones legislativas y políticas, que eviten el acceso de gentes limitadas a ejercer la función pública, de lo contrario nos sumiremos más en la desesperación y ésta será siempre la peor consejera.
Ahora, actuar con responsabilidad ética, es imperativo. Es tiempo, que los partidos políticos comiencen por escoger verdaderos liderazgos, con los conocimientos y aptitudes para encarar la prueba que la realidad plantea. Los elementos humanos idóneos existen, actuar en consecuencia y ejercer el poder con responsabilidad, corresponde en principio a los partidos, que son instrumento fundamental para fortalecer la democracia como forma de vida.




