El polémico escritor español Arturo Pérez Reverte presento vía zoom desde Madrid, España, acompañado por Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, su más reciente novela Línea de Fuego, en la que narra, desde su punto de vista, la historia de la batalla del Ebro en la Guerra Civil Española.
“Los bandos no eran iguales. Mi esfuerzo ha sido borrar lo de ‘buenos’ y ‘malos’, no en la causa, sino en los seres humanos que combatían. Es tan estúpido el planteamiento que se está haciendo en España que cuesta mucho mantener la sangre fría. Franco era malo, como Hitler y Stalin. ¿Eso qué tiene que ver con el padre de familia que está en un agujero con un fusil, muerto de hambre? Mi novela habla de los seres humanos; ahí la frontera entre buenos y malos no está tan clara”, destacó
El escritor, mencionó que es importante que las nuevas generaciones tengan presente la historia, para que tengan claro que fue lo sucedió.
“El problema cuando se habla de memoria en España es que se la utiliza como arma arrojadiza. La memoria manipulada es un arma muy peligrosa cuando es utilizada por los políticos. La polarización se ha recuperado, tras estar esa asignatura resuelta, mejor o peor, en los últimos tiempos. A falta de argumentos políticos solventes, la guerra civil es el arma usada por los políticos y los jóvenes no tienen las referencias y son fácilmente influenciables”, subrayó.
Con respecto a que muchos de esos “políticos” hacen referencia de lo pasado con lo presente, al laureado escritor, le parece una estupidez.
“Y nada resiste ese análisis. En ese tiempo, no había ONGs, ni derechos humanos. El ser humano ha hecho muchas atrocidades en la historia de la humanidad. Juzgar eso con ojos de la mentalidad actual, es incongruente. El ejemplo que más se plantea es el de América. “¡Qué machista era Hernán Cortés!”. Sí y tu abuelo y tu bisabuelo también. Todos lo eran porque era un mundo diferente, machista, cruel, arcaico. Cuando Hernán Cortés se va a México con esos animales, crueles, extremeños, gallegos, andaluces; muertos de hambre, de un país sometido a reyes y curas incapaces, donde para sacarle a la tierra una semilla tenías que regarla con sudor o con sangre; y en América encuentra mujeres guapas y oro. Vas y vuelves rico. Esos animales fueron a arrasar un mundo. Lo arrasaron. Para ellos ese mundo no tenía el valor que hoy le damos. Ahí está una hazaña que cambió la historia de la humanidad. Una hazaña extraordinaria. Esos animales cambiaron al mundo. Hay horror y grandeza en ellos. Admiración y espanto. Era otro mundo. Juzgar ese mundo con ojos de ahora es una soberana estupidez.”, enfatizó, el también autor de La Reina del Sur.
Él no cuenta historias para inspirar, ni intenta llevar un mensaje moral en ellas, solo quiere contar historias, con lo bueno y lo malo, como es la vida misma y con la crudeza que en la misma existencia prevalece.
“Yo no escribo novelas para mejorar la humanidad, escribo porque me gusta contar historias. Los historiadores recelan de la libertad del novelista porque con el novelista la historia se conoce mejor. El novelista es una especie de puente entre la historia rigurosa y el lector. Como novelista, intenta superar el maniqueísmo de “buenos” y “malos”. Cuando era reportero traté a muchos hijos de puta de todos los colores y todas las condiciones, tomé muchas copas con ellos, algunos fueron amigos personales míos. En Angola, un torturador me contó cómo se quiebra la voluntad de un hombre inteligente, cómo el inteligente se quiebra antes que el estúpido, cómo hay que saber aflojar y apretar. Quiero que los lectores vean la crueldad de la que somos capaces. He aprendido más de los malos; la maldad tiene tantos matices, tantos ángulos, es tan sorprendentemente rica, tan educativa; el contacto con la maldad enriquece. El mal es muy interesante”, finalizó Pérez Reverte.




