Estafadores los hay por millones. Desde aquel que nos quiere ver la cara con el cambio hasta el que engaña a comunidades enteras. En esta última clasificación entra uno de los más famosos del siglo XX y de todo Nueva York: George C. Parker, cuyo descaro y cinismo fue lo que lo hizo volverse rico… pero también lo que terminó siendo su camino a la cárcel.
Parker vino al mundo el 16 de marzo de 1860 y solo estudio hasta el bachillerato. Después, no destacó en ninguna actividad hasta que se dio cuenta que su verdadero talento era la estafa, sabiéndose aprovechar el contexto de la época, pues en el Nueva York de finales del siglo XIX e inicios del XX no había una línea clara de qué era público y qué privado, además de que en aquellos años llegaban a la Gran Manzana muchos inmigrantes de todo el planeta, a quienes era fácil engañar por su desconocimiento no solo de América, sino de cuestiones tan importantes como el idioma. Manhattan y Brooklyn creían, siendo terreno fértil para las empresas… pero también para el crimen.
En una época en la que no existía información por doquier como hoy, para Parker fue muy sencillo idear su gran estafa: el recién inaugurado puente de Brooklyn en mayo de 1883 fue la base de su plan: venderlo.
Parker montaba una pequeña oficina en alguna calle de Nueva York y decía ser empresario de la construcción. Amueblaba el lugar y vestía con trajes caros, para que la estafa fuera más creíble. Esperaba que llegaran incautos y les contaba una historia que se tragaban sin ninguna duda: “Yo construí el puente de Brooklyn, pero no me está dejando ganancias. Así que se lo venderé a usted para que ponga una caseta de peaje y gane algo”.
Entregaba toda la documentación en regla (falsificada gracias a las lagunas legales de la época, obviamente) y cuando los incautos ponían su caseta de cobro en el puente, la policía llegaba a amonestarlos, lo que le daba a Parker tiempo para irse de su local y rentar otro en algún punto apartado de Nueva York.
El perfil de sus víctimas era el mismo de todo aquel que se deja estafar a través de la historia: tontos que piensan que hacerse rico es fácil. ¡Prueba de ello es que vendió el puente de Brooklyn cerca de 4000 veces!
LA VERDAD SALE A LA LUZ
El talón de Aquiles de Parker fue su soberbia, su cinismo y su picardía. Confiaba tanto en sí mismo que además del puente de Brooklyn vendió la Estatua de la Libertad y la tumba del general Ulysses S. Grant. Todo esto lo hizo entre 1883 y 1928. Fueron tantas sus estafas que llegó a oídos de la policía y fue arrestado… pero la primera vez se fugó robando el abrigo de un juez, y saliendo de la corte como Pedro por su casa.
La segunda vez que fue arrestado la ley no tuvo misericordia, pues George pasó el resto de su vida en la cárcel, hasta el día de su muerte en 1936. En la prisión se ganaba la amistad y el cariño de guardias y compañeros, contando sus anécdotas y quizá, también estafándolos.
George C. Parker murió a los 68 años de edad en su celda, convirtiéndose en un personaje muy popular en la época. Incluso, existía la frase “I have a bridge to sell you” (tengo un puente que venderte) expresada entre los neoyorquinos, para definir a alguien muy tonto o que se dejaba engañar con demasiada facilidad.
Hasta el momento no existe una película o una serie sobre la vida de Parker, pero no cabe duda que de producirse, la canción “The great pretender” (“El gran farsante”) de Queen, sería un soundtrack perfecto.



