Espero que hayan pasado un fin de semana menos preocupados.
Seguimos con las inquietudes por el, jamás bien ponderado, coronavirus que, como se decía hace ya muchas décadas en una radiodifusora de la Ciudad de México, en XENX, radio 6.20, por el locutor José Antonio Cabrera Madrid, “la música que llegó para quedarse”, así mis estimados lectores, el Covid-19 en sus diversas modalidades.
Tendremos que evolucionar, adaptarnos, auto cuidarnos, además de buscar nuevas formas de convivencia. Mientras tanto, nuestro cuerpo desarrollará defensas contra esta infección, o, nuestros científicos elaborarán una vacuna que, con el tiempo, formará parte del armamentario médico, aunado a todas las demás (sarampión, varicela, hepatitis, etc.).
Por lo pronto y mientras eso sucede, el día de ayer, festejamos, el no tan celebrado “Día del Padre”, que cumple ya 110 años de vida.
El padre como lo conocemos, lo relacionamos con la fuerza, el trabajo, la inteligencia, poder, el proveedor.
En el contexto biológico, es el ser vivo de sexo masculino que ha tenido descendencia directa.
Juega un papel muy importante dentro del núcleo familiar, sin embargo, también esto ocurre con hombres que han adoptado o aceptado a otros como propios, sin serlo, es decir putativo (considerado como).
El término griego patér o latino páter, es utilizado en varias formas o sentidos.
Como progenitor, cabeza de una casa o familia ancestral, antepasado, originador de una nación, fundador de una clase o profesión, protector y como expresión de respeto.
En la antigüedad griega, Zeus gobernaba a los dioses del Olimpo y se consideraba el padre de dioses y hombres. Para los romanos se llamaba Júpiter, casado con Hera. En el judaísmo Abraham considerado como uno de los 3 patriarcas, que además forma parte del cristianismo y el islam. Para los católicos San José, padre putativo (P.P.) de Jesús celebrado el 19 de marzo. De ahí surge el término hipocorístico (diminutivo) de José, es decir Pepe.
La “madre” del “Día del Padre”, fue la estadounidense Sonora Smart Dodd.
El padre de Sonora, William Smart (1842-1919), veterano de la Guerra Civil estadounidense, enviudó haciéndose cargo de seis hijos, con gran determinación, trabajo y sacrificio. Un día, durante un sermón sobre el “Día de las Madres”, Sonora se inspiró y decidió que los padres también deberían tener un día para ser homenajeados, por lo que el 5 de junio de 1909 presentó una petición al Alianza Ministerial de Spokene, que los padres fueran reconocidos durante los servicios religiosos.
La solicitud fue aceptada, pero debido a la premura, se decidió que la celebración sería el 19 de junio de 1910, el tercer domingo de junio de ese año.
Así esta idea trascendió las fronteras de Estados Unidos.
En 1924, el presidente estadounidense Calvin Coolidge reconoció la celebración.
En 1966, Lyndon B. Johnson firmó una resolución que el tercer domingo de junio debería ser el Día del Padre, sin embargo fue Richard Nixon quien lo convirtió en Ley.
En México, iniciamos su celebración en la décadas de 1950. Lo festejamos con relativa tranquilidad y con mucha menos intensidad que el Día de la Madre.
Según datos del INEGI, solo el 50% de los mexicanos lo festejan.
Hoy, parece que ya empieza a ser una fiesta de consumo más. El agasajo, por norma general, puede ser una fiesta que inicia por la mañana en familia y culmine con una comida.
En nuestra historia, pocos han sido los “padres” que reconocemos. Es una mezcla de desprecio a nuestra cultura indígena y servilismo de la española.
Aún así, somos un pueblo que tenemos que reconocer nuestra raíces. Los soberanos o padres de nuestro pueblo, Acamapichtli, Huitzilíhuitl, Chimalpopoca, Itzcoatl, Moctezuma Ilhiuicamina, Axayáctl, Tizoc, Ahuitzotl, Moctezuma Xocoyotzin que debemos tener presentes y quienes desde 1375 hasta la llegada de Hernán Cortés, construyeron un imperio que dio las bases de lo que como mexicanos somos actualmente. Mucha de su historia no esta escrita, pero gracias a los códices y relatos de muchas personas tenemos constancia de su existencia.
Somos un pueblo mestizo, con profundos legados de dos culturas importantes. Con patriarcas de orígenes diferentes, sin embargo, con un sentido de pertenencia innegable.
Como nación, somos uno. Como pueblo estamos divididos. Todos somos seres humanos que compartimos genes semejantes, pero con diferencias externas que nos alejan por prejuicios. Alejémonos del paternalismo manipulador que solo sirve para intereses mezquinos y que propicia la separación.
Reconozcamos a nuestros ancestros, nuestros padres que construyeron con sus vidas lo que ahora somos.
¡Hasta la próxima!




