Continuando con nuestra juglaresca costumbre, hemos titulado a la columna de esta semana, con el tema de una de las canciones del Cantautor Joaquín Sabina (gran amigo mío, sólo que él no lo sabe).
Ahora, la pregunta es: ¿Quién se ha robado el mes de marzo, abril, mayo, y quizás hasta junio?
Las autoridades sanitarias siguen anunciando, como jinetes del Apocalipsis, que la tragedia está cerca, que la gente no entiende que debe de permanecer encerrada a cal y canto, y mientras unos se enclaustran bebiendo champagne francés, otros pobres muertos de hambre buscan en el fondo de los bolsillos rotos de su pantalón, alguna moneda con qué apaciguar el hambre de los suyos, y al no encontrarla, se aventuran a la muerte, porque su filosofía les indica que es mejor morir de coronavirus que morir de hambre.
Decía el poeta alemán Bertolt Brecht; “Usted político, habla muy bonito, porque ya comió”.
Por otro lado, el Instituto para el Desarrollo Integral de la Familia, se ofrece a entregar despensas a quien lo solicite, al mismo tiempo que pone un número de cuenta bancaria a disposición de los buenos samaritanos que hagan alguna donación, ya que para los pobres, el Gobernador no solicitó préstamos millonarios para sacarlos de su precaria situación.
Por otro lado, mientras el COVID-19 sigue haciendo de las suyas, el crimen organizado tampoco se queda atrás, dejando más muertos que el mismísimo bicho asiático.
Y para muestra nos enteramos de la terrible noticia donde un elemento de la Policía Preventiva fue acribillado fuera de las labores, de una forma cobarde (no hay asesinatos delincuenciales que no lo sean); ahí quedó, boca abajo, tirado sobre un charco de sangre, junto a sus sueños y sus últimos pensamientos, los cuales quedaron regados al lado de la puerta de su vehículo.
Al Oficial Orozco no lo mató el coronavirus, y no hay cubre bocas que prevengan una bala, tampoco existe un gel antidelincuentes con el cual se pueda uno lavar las manos, desinfectarlas de tanta basura, de tanto odio; a Orozco lo mató otro virus, uno más mortal, que ya tiene más de diez años en el Estado, un virus cuyas cepas están cargadas de corrupción, de nepotismo, de robo descarado, de indiferencia social; microorganismo maldito que se filtra por doquier, en cualquier Institución Pública, en cualquier juzgado, en cualquier Fiscalía, en cualquier licitación pública.
Ya nos robaron el mes de abril, habrá que hacer un inventario cuando la pandemia haya terminado, porque dicen por ahí, que a rio revuelto, ganancia de pescadores.




