San Juan de Dios, uno de los famosos barrios de la ciudad, fue también hace muchos años una humilde colonia donde todos los habitantes se consideraban parte de una misma familia.
Se conoce también como ‘Jardín’, pues tenía una abundante cantidad de árboles y vegetación que colmaban lo que ahora es una plaza donde muchos asisten para visitar el templo o los diversos comercios que conforman la zona.
Pero no fue así siempre, el señor Jacobo Hermosillo Estrada, quien es uno de los 14 hijos de don Marcos, fundador de las famosas nieves de San Juan de Dios, mencionó que como parte de este barrio su niñez fue triste y a su vez bella y no la cambiaría por nada.
La gente que vivía en esa colonia era humilde y todos amigos, como parte de una familia numerosa le tocó la fortuna de conocer a buenas personas que los apoyaron a cada momento, sabía que si todos sus amigos acudían a la casa de uno de ellos, su madre sin reclamo les compartiría la comida.
Para Jacobo, San Juan de Dios era más que un lugar lleno de gente que acude a comprar una nieve, era el jardín de la casa de todos los niños que salían a jugar en el pasto.
El jardín contaba con comercios diversos, venta de tortas de carnitas, guacamayas, una tienda de abarrotes inmensa que vendía de todo y a mucha clientela; en el jardín abundaban los vendedores ambulantes y entre ellos era uno importante don Marcos, el vendedor de nieves.
Además no todo era jardín, gran parte de la zona tenía casas que al día de hoy han sido derrumbadas y se colocó una plaza peatonal en su lugar.
La gente compraba una nieve, algo de comer y se sentaba en las bancas de granito que estaban en el jardín cuya sombra era proveída por los enormes árboles que daban forma al lugar y de los cuales aún quedan unos cuantos de pie.
En templo se encuentra en el mismo lugar, pero era muy pobre y contaba con apenas dos bancas para que la gente acudiera, el piso era de tierra y aun así a la hora de hincarse las personas lo hacían.
Jacobo, sus amigos y hermanos no sólo jugaban en un su casa y en el jardín, para ellos su casa era también el templo y los aposentos donde llegaban a ir a vivir hasta doscientas personas.
La modernización
La época moderna llegó al jardín, un piso rojizo ocupó el lugar de lo que fue tierra y pasto, se rodeó de calles añadidas a la Ruta del Peatón y el templo cambió en su totalidad vistiéndose de un color rojo.
Los comercios ocuparon el lugar de las casas, las vecindades de la calle Rosas Moreno fueron derrumbadas, los aposentos se convirtieron en el DIF y ahora sigue recibiendo gente, pero no como en otros años.
Las nieves de ‘Don Marcos e hijos’ tienen mucha competencia y las famosas guacamayas se dispersaron en las diferentes calles del barrio de San Juan de Dios.
En el pasado
El cronista leonés Carlos Arturo Nava Valtierra escribió sobre la importancia de este barrio incluso antes de ser el segundo de la ciudad.
El hospital fundado por el padre Espino en 1582 llevó por nombre “San Cosme y San Damián” y estaba cerca de la entonces llamada Plaza Mayor y prestaba sus servicios a los indigentes de la Villa, del Coecillo, San Miguel y desde 1597 a los mulatos del barrio también.
La ubicación exacta del hospital viejo San Cosme y San Damián era en la acera sur de la antigua calle “Vera Cruz”, hoy primera de 5 de febrero y terminó sus funciones en 1620, pues tras la llegada de los clérigos regulares de San Juan de Dios, conducidos por Prior Fr. Alonso Pérez, en 1617 se solicitó un nuevo hospital más cómodo tanto para pacientes como para los religiosos que lo atendían.
El nuevo hospital cuyo nombre fue “Espíritu Santo” debido a que se trasladó el día de Pentecostés y quedó justo donde está ahora el templo junto con la iglesia y un convento en esa zona que fue una de las orillas de la Villa de León.
San Juan de Dios también presenció tragedias, desde batallas entre realistas e insurgentes durante la independencia, tanto en la plazuela como contra las tapias del antiguo panteón se realizaban las ejecuciones de pena de muerte; y para la inundación del 1888 fue utilizada la plaza para exponer los cadáveres para su identificación.



