KAYELDOSKOPIO
Es una forma coloquial que en nuestra infancia utilicé para decir en un juego que ya no deseábamos continuar.
Nadie quiere a México. Con todos los acontecimientos que observamos, caótico, en la mayoría de las veces, pasamos como si viviéramos soñando.
La mayoría, propios y extraños, ven como un botín las riquezas de nuestro país y gracias a la anodina y fútil actitud de todos nosotros, los que ostentan el poder pueden hacer, deshacer a sus anchas y sin temor a ser cuestionados, reprimidos o sancionados, lo que se les venga en gana.
Nuestro destino es penoso. Siempre en la espera de la llegada de un héroe que nos pueda proporcionar bienestar y liberarnos de los villanos a los cuales siempre culpamos de nuestros males.
Villanos, todos ellos, llamados “mexicanos”, que de alguna forma surgen como en una novela en la que las fábulas son actualizadas de generación en generación, sólo que cambian los protagonistas.
Sufrimos el dolor del pasado, recreado en el presente. Lo hacemos al mismo tiempo que honramos a nuestros muertos o las celebraciones navideñas.
Vivimos en el pasado, para el pasado.
¿Cómo podremos avanzar hacia el futuro si estamos anclados en nuestras desgracias y el dolor de los tiempos que nos antecedieron?
Estamos buscando augurios, en visionarios insulsos y abusivos. Seguimos tratando de interpretar las cartas y astros del pasado que nos advirtieron lo que venía y vaticinaron nuestra caída. Demasiado tarde. ¿De qué sirven esas profecías si no las podemos interpretar a tiempo?
México no tiene un líder.
Hay un títere maquiavélico cuyo mecanismo es manipulado por algún personaje oculto ante las miradas. Está presente ejerciendo sus acciones como un ventrílocuo que le proporciona aparente vida y movimiento al patiño que sostiene entre su mano oculta.
Seguimos hundiéndonos como un barco a la deriva ante la tormenta perfecta propiciada por la inestabilidad global.
Tenemos en frente un gran problema, que de no controlarlo a tiempo, ocasionará una debacle de proporciones catastróficas.
Distracciones constantes, creadas para que nuestra mente pueril mantenga su atención como un niño ante la promesa de un juguete.
La ignorancia proporciona el escenario ideal para emplear los cánones y guías que utilizaron otros para el control de las masas.
El miedo, nos mantiene perplejos ante el destello luminoso de una luz que ciega nuestra mente y permite que seamos atrapados.
No queremos a México.
Sólo nos interesa quedar bien, estar con quienes nos puedan proporcionar cierta seguridad ficticia. Como manada nos conducen a un destino seguro y al mismo tiempo incierto.
Estamos totalmente a merced de las fuerzas que establecen las reglas escritas y no escritas que gobiernan países y personas.
¡Salgamos de este juego!
¡Hasta la próxima!



