Hace poco entre puentes y discusiones celebramos 103 años de vida de nuestra Constitución. Para muchos, fue divertido tener un puente. Sin la menor idea del porqué.
Algunas personas, sobre todo jóvenes, preguntaban el motivo del día festivo.
¿Qué celebramos?
¡El aniversario de nuestra Constitución!
Perplejos unos. Otros, como tratando de recordar que significado tiene la celebración.
Es obvio que la educación no es un tema de interés y menos tener conocimientos de la historia de México. Sabido es que se apoya a la juventud, no en el área de la educación, conocida como NINIS, que reciben las “Becas AMLO” pagando 3 mil 600 pesos al mes por “capacitación” y otros conceptos que van desde 1,800 a 2,400 pesos mensuales, (por desempleo) lo que constituyen 69.5 mil millones en el presupuesto de Egresos de la Federación 2020 (Diario Oficial, 11 de diciembre 2019).
Regalando dinero que se podría aplicar en verdaderos programas de apoyo al sector educativo. Con estas dádivas fomentamos que, el no hacer nada y no interesarse por nada, es premiado con un pago.
Dejando a un lado lo anterior, el aniversario de nuestra Carta Magna, constituye un conjunto de principios jurídicos superiores que definen los órganos supremos del Estado, es decir la integración de personas jurídicas a cuyo cargo está la realización de actividades públicas y conforman aquellos instrumentos o medios para realizar una determinada función estatal: Los Órganos Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
En otras palabras, es un instrumento de gobierno que otorga facultades al Estado, pero también limita a los poderes estatales al someterlos a su texto.
Además, establece las garantías individuales de los mexicanos que tratan sobre libertad, seguridad, igualdad y propiedad.
Todas ellas contenidas en Título Primero, Capitulo I de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en un total de 29 artículos
Es necesario mencionar que la Constitución mexicana no es un texto que brotó de la nada.
Fue diseñada, por una parte, por la inspiración de sus creadores y producto del constitucionalismo histórico de las primeras Constituciones mexicanas del siglo XIX. La actual Constitución, redactada en Querétaro, ha sido modificada de acuerdo con el desarrollo político, social y económico de este país que ha sufrido notables cambios estructurales con el correr de los años.
Nuestra Constitución, que fue promulgada el 5 de febrero de 1917, mantiene su estructura ideológica, sus instituciones fundacionales y su carácter democrático, republicano, social y federalista, sin embargo, con notables diferencias, de contenido y detalles, al expedido originalmente.
Estamos muy lejos de los eventos que influyeron en su creación histórica. Antecedentes de las Constituciones de 1824 y 1857. Estas obras, a su vez, tuvieron sus raíces en la Constitución española de Cádiz de 1812 y las influencias de la lucha de independencia entre 1810 a 1821, incluyendo el debate entre federalismo y centralismo de 1822 a 1847. La consolidación del federalismo de 1857 a 1881, la era del porfiriato y finalmente la etapa de la Revolución. De acuerdo con Jorge Carpizo debemos tomar en cuenta que Esteban Austin redacto en inglés un proyecto para México en la que mezcló la influencia estadounidense de 1787 y la de Cádiz en un texto creado en 1824 (Adalid M, UNAM 2017).
Como vemos, con base en lo anterior, estamos muy lejos de tener en estos días una Constitución ad hoc, es decir, adecuada para los momentos que vivimos.
Hoy representa un riesgo, no solo por las influencias globales y geopolíticas, el mantenerse con un texto arcaico y modificado para actualizarlo. Es, como tener un automóvil de 1920 y tratar de acondicionarlo con la tecnología actual, pero con los modelos del pasado.
En nuestros días esta latente, la reelección, presidencial. Hecho que motivó enfrentamientos ideológicos desde Juárez a Madero; cuyos resultados hemos llevado a cuestas hasta nuestros días. Vivimos del pasado, en el pasado y pensamos que épocas anteriores fueron mejores. En el diario Oficial de la federación el 10 de febrero de 2014 se modificaron los contenidos de la Constitución (artículos 59,115 y 116), para posibilitar la reelección en determinados cargos de elección popular. Hasta ahora seguimos sin grandes beneficios, solo más de lo mismo, en periodos más prolongados.
No nos importa lo que haga el Gobierno, mientras sigamos obteniendo de él pan y circo. Hoy es dinero por no hacer, pensar o saber.
El precio de la ignominia es la privación de la libertad.
No deseamos involucrarnos en la vida nacional. Se nos olvidan las fechas importantes y solo nos acordamos cuando esas fechas representan jolgorio, descanso y diversión.
Por cierto ya casi es el 14 de febrero
¡Hasta la próxima!




