Durante cuatro generaciones la familia de artesanos víctima del estallido del polvorín ocurrido el martes pasado en la comunidad de Nápoles se dedicó a la tradicional Quema de Judas en la calle Pancho Villa de Silao.
Como lo informó EL HERALDO de León en abril de 2014, la tradición fue iniciada por el señor Juan Hernández Pérez y Adán Hernández López.
Desde entonces, los jóvenes asumieron la tarea de dar continuidad a una de las costumbres casi extintas en Silao y que en su barrio ubicado en la Zona Centro efectuaron por cinco décadas.
Ese año a la familia Hernández se unió un grupo de vecinos para elaborar los Judas que durante la noche del 20 de abril se quemaron y fueron apreciados por los pobladores.
Participaron Leonardo Martín Hernández Jasso, que tenía 21 años de edad, y su hermano Alan Guadalupe, con entonces 17, así como su padre Martín Hernández Ramírez. Éstos últimos fallecieron alcanzados por las explosiones la tarde del pasado 10 de enero al interior de la finca en que trabajaban la pirotecnia.
LEGADO DE ‘TATITA’
Ese 2014 Martín Leonardo explicó que la elaboración de los Judas es un trabajo que lleva en promedio dos semanas. Todo comenzó por iniciativa de su tatarabuelo.
Diariamente se reunían para trabajar con el papel, cartón, engrudo y su creatividad para dar la forma final y más parecida a los personajes que serían quemados por su soberbia, vicios o sus pecados durante la Semana Santa.
“Los Judas los empiezan a realizar el Miércoles de Ceniza para saber a quién se ‘quemará’ como Judas. El proceso es realizarlos de carrizo que se hace tiras, se ‘rajea’ para poder moldearlo. Las cabezas de los Judas son realizadas con patol y lodo, así como las extremidades que se fortalecen con papel periódico y engrudo”, contó.
También colaboraron Carlos Adrián Hernández López, Juan Ángel Espinosa Hernández, Andrés Corona Villanueva, Luis Corona Hernández y Carlos Reyes Romero.
No puede faltar la incorporación de cohetones y luces “para que al ser quemados, los Judas luzcan y den mejor espectáculo”. Los artificios eran confeccionados por la familia.
Esa Semana Santa ardieron Juan Ángel Espinoza Hernández “El Guayabín”, Carlos Reyes “El Niñote” y una vecina conocida como “La Nacaranda”.



