El reloj del tiempo está por terminar una década más de este nuevo siglo.
Con sigilo caen una a una las arenillas de nuestro cronómetro de arena para indicarnos que están por transcurrir 8,766 horas más de nuestra vida. El tiempo, o Kronos, como los antiguos griegos lo llamaban, es algo impalpable y relativo, es una joya para cuidar y mantener.
A pesar de ello, nos pasamos la mayoría de las veces atrapados en nuestra mente, en circunloquios eternos que impiden valorar momentos que ya nunca volverán.
Somos testigos silenciosos de como nuestra vida transcurre. Ausentes en la mayoría de nuestras acciones, no recordamos momentos importantes que, poco a poco, alguien o algo nos rememoran. Como una bofetada ante el gélido invierno de nuestra memoria, vuelven a nosotros como nostalgia y pena de algo que se fue, pues la oportunidad, efímera como un parpadeo, se ha ido dejándonos solos e impávidos.
Hoy es un buen momento para estar en el aquí, en el ahora y dejar todo aquello que no pudimos lograr. Hoy es un buen día para empezar y dar la bienvenida al nuevo año. Hacer un esfuerzo para asear nuestra mente, que, como una casa, requiere de mantenimiento. Ventilar cada uno de nuestros rincones inaccesibles por hallarse encerrados en la galera de nuestros naufragios dolorosos.
Vivir el momento, el pasado ya partió. Nos dejó enseñanzas, dolorosas o agradables. El futuro aún no llega.
-Tenemos el hoy.
Mecanismo perfecto para lograr construir lo que está por venir.
Las noticias, como agoreros del mal, no traen crónicas agradables para nuestra economía, ni estabilidad para nuestras vidas.
Seguiremos penando y suspirando por aquello que nunca ha sido y jamás tendremos.
¿Estaremos dispuestos a generar acciones, pensamientos y vibraciones que provoquen el cambio?
Todos unidos somos más que uno o unos cuantos que están estancados en el pasado queriendo e intentando vivir en él, arrastrándonos hacia el abismo de esa locura que no permite levantar la vista, o ver que hay un camino diferente y mejor delante de nosotros.
Sí, ya se que mis palabras son como lluvia en el desierto, pero siempre hay anhelo de una perspectiva mejor.
Los cambios no se hacen de la noche a la mañana.
Puedes iniciar hoy.
Hacer un esfuerzo por ser menos ego y más acción.
– Nada te vas a llevar de este mundo.
– ¡Absolutamente nada!
Atesorar dinero, que solo es un instrumento útil, realmente útil para esta realidad, es poco productivo.
Tienes que dejarlo fluir, para que genere más y te regrese con creces y con ello permitir forjar acciones que ayudan a otros.
Guardar pensamientos negativos, rencores, obstinaciones sólo acrecentan tu limitación para compartir. Te arrastran al abismo al que solo uno, o unos pocos quieren permanecer.
Tampoco generan nada.
Nada de crecimiento, ¡nada de nada!
Solo rencores, antipatías, resentimientos y enfrentamientos.
Estamos a punto de concluir un año y una década más de este nuevo siglo.
¿Seguirás con tus propósitos rutinarios anuales de bajar de peso, hacer ejercicio, ahorrar, u otros, en tu lista de buenos deseos que en muy pocos días serán, arenas del pasado?
O, esta vez, buscarás cambiar y permitir que esas leyes que siempre han existido y que nos gobiernan, aunque tú no les des crédito, empiecen a surgir como un rayo de esperanza.
Son la diferencia entre el éxito, el fracaso, la abundancia y la precariedad.
Muchos que han logrado el éxito, han aplicado estas leyes en su vida.
Emplearlas en tu beneficio no solo incrementará la abundancia, también provocará un cambio en los demás. No se basa en magia o esoterismo, es solo puro conocimiento.
Recuerda que nuestros pensamientos son energía y vibraciones que atraen lo similar. Son creaciones mentales nuestras y su calidad buena o mala dependerá de nuestra forma de pensar y de nuestro enfoque.
Es ahora el momento de poner mucha atención a nuestra forma de ver y percibir las cosas, no podemos ser superficiales, triviales o futiles. Esos pensamientos deben de venir desde lo más profundo de nuestro ser, desde el lugar mismo de nuestras creencias.
Es un arte de nuestra conciencia.
Insisto, el hecho de que tu pienses que esto es pura vacilada o que no existe, no excluye que sea verdad. Son leyes universales, están ahí y forman parte de este universo.
Es tan real como vivir en un mundo tridimensional, sin percibir las demás dimensiones. Ellas están ahí para que con el tiempo sean descubiertas.
Así que, en este fin del 2019, podemos seguir dormidos, navegando en automático o por fin descubrir que tenemos el poder de transformar la realidad de nuestro tiempo y vida.
Aprovecho el espacio para desearles un excelente 2020. Les deseo un año donde se animen a mirarse. Que se amen como son. Les deseo que escuchen su verdad y que la compartan con sus seres queridos, pero siempre aceptando que es sólo su verdad, no la de los otros. Por último, no les deseo el año 2020 les traiga felicidad, sino que logren ser felices, sea cual sea la realidad que les haya tocado vivir.
¡Hasta la próxima!




