jueves, septiembre 3, 2026
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TERROR EN SINALOA

Como si se estuviera rodando una película Hollywoodense en la que existen dobles saltando hacia el suelo, camionetas explotando y gente tirada en el camino para salvaguardar sus vidas, el pasado jueves 17 de octubre, ocurrió un episodio digno de una película de acción, pero llevado a la vida real, en la ciudad de Culiacán, Sinaloa.

Tal como se relata en algunos diarios, hubo ráfagas de balas, armas de alto calibre, incendios de vehículos y columnas de humo. ¿Por qué? Por la captura de Ovidio Guzmán. Como respuesta por tal acción, se vivió una violencia inusitada  a lo largo del centro de tal ciudad. En el mensaje del titular de la Secretaría de Seguridad Pública, se dio a conocer que lo que se pretendía por parte de las bandas del poderoso cártel, era generar pánico. Al menos lo que vimos en los medios, fue de terror. Niños llorando, mujeres rezando y hombres intentando protegerse a sí mismos y a los suyos. De ahí, que tan pronto como se hubo capturado al famoso hijo del Chapo, se le dejara ir. ¿Miedo? Sin duda. Durazo expuso que «para salvaguardar el bien superior de la integridad y tranquilidad de la sociedad culiacanense, los funcionarios del gabinete de seguridad acordaron (sic) suspender dichas acciones» ¿cuáles acciones? Las tendientes a la captura, quiero entender.

Finalmente dijo que los funcionarios de la Secretaría de Seguridad tomaron la decisión de trasladarse a Sinaloa «para conducir personalmente las acciones correspondientes». ¿Sirvió que se hubieran trasladado hacia el norte? ¿Qué hubiera hecho otro gobernante a cargo? Quizás lo mismo. Quizás hubieran evitado que se viviera un verdadero infierno en Culiacán. Aún no se habla de víctimas mortales, aunque hasta el momento en que hago esta colaboración, no  tengo el dato preciso. El caos fue evidente, se dieron los llamados narcobloqueos, la quema de automóviles y mobiliario, para acorralar cualquier vía transitable.

Los propios ciudadanos sirvieron de reporteros. Quisieron dejar evidencia del terror que estaban padeciendo. Estimado lector, no sé qué posición asumir. No sé cómo hubiera reaccionado yo. Vale más la vida de cientos de ciudadanos, que la de un delincuente, de eso no queda duda, pero a la vez, tampoco se trataba de cualquier delincuente. Desde hace años que no ocurría algo parecido en nuestro país y a lo largo del territorio nacional, siguen apareciendo más y más víctimas de esta ola de violencia que parece no parar. Ante este terrible episodio, la respuesta del gobierno federal pareció insuficiente, escueta e intrascendente.

Comenzaron también a circular noticias sobre la próxima construcción del Aeropuerto en Santa Lucía, lo cual merece una entrega aparte. Como ciudadanos, merecemos respuestas y “acciones” más contundentes. En Sinaloa, el estado de derecho ha sido no sólo violentado y corrompido, da la impresión de que ha desaparecido. Si alguien nos comprobara que el rezar, el estar esperanzados o el confiar en que una luz divina iluminará a los encargados de la  la seguridad en nuestro país, sirviera, todos los mexicanos estaríamos concentrados en ello.

Correo electrónico: marcialca@yahoo.com

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