lunes, agosto 31, 2026
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ERASE UNA VEZ EN GUANAJUATO

Buscando en la hemeroteca de este humilde escritor, encontramos en medio de polvo y periódicos amarillentos, noticias que en su momento, causaron revuelo y espanto entre la sociedad guanajuatense, y a mayor especificación, en lo que era la tranquila ciudad de León Guanajuato. Los puntos de comparación entre el presente y los últimos diez años, vemos cómo la inseguridad creció con la misma rapidez que una bola de nieve descendiendo por los Alpes suizos. Cerramos la semana con noticias que poco a poco dejan de sorprendernos, no por su gravedad ni mucho menos por la falta de interés o preocupación por la ciudadanía, sino por lo rutinario que se ha vuelto tan alborotada situación. Con la presencia de once grupos delictivos en el Estado (los Durango, el Jalisco, Santa Rosa, la Unión, y sepa Usted cuántos más), pareciera como si el tan vanagloriado “golpe de timón”, sólo haya sido un ligero movimiento en un barquito de papel. Apenas hace un año, específicamente en publicidad del Gobierno Municipal de León, difundida por un diario local, se apreciaba la imagen del Alcalde, con ligera sonrisa cual si fuera la Mona Lisa de Da Vinci, al frente de elementos policiales, rodeado por la frase “Cada vez mejor. León Firme contra la delincuencia”, y acto seguido, anunciaba el tercer informe de gobierno con fecha cuatro de septiembre. Tal parece que nuestro máximo Edil no fue tan firme contra la delincuencia, tal y como lo afirmó en una de sus tantas propagandas caracterizadas por los colores blanquiazules (desde nuestro punto de vista, ese tipo de publicaciones deberían de ir en blanco y negro, por aquello de los mensajes subliminales). Llevamos más de un año de tan azarosa publicación, y aún seguimos esperando impacientes, esa firmeza, ese oleaje de paz, ese León donde se dice que levantamos la mano (quizás lo único real de esto último es que levantamos ambas manos por aquello de los asaltos). Ya desde hace algunos años, comenzaban a aparecer cadáveres aquí y allá, incluso desde antes de nuestra ex alcaldesa Bárbara Botello. Sin embargo, creo que conforme pasa el tiempo, la situación se vuelve mucho más crítica y alarmante, y para muestra basta señalar que ni el propio Municipio se salva de las actividades ilícitas de los delincuentes. Días cercanos nos enteramos que las Oficinas de Asuntos Internos de la propia presidencia municipal fueron víctimas de robo, al igual que meses antes se robaron una unidad de tránsito afuera de la misma comandancia, de la misma manera en que se realizó un robo en uno de los paraderos del Sistema Integrado de Transporte Público, así como el robo de los últimos juguetes del Alcalde, esas curiosas bicicletas que pronto se llenarán de polvo y óxido, y luego, al lugar donde terminan las cosas inútiles e inservibles, producto de malas decisiones.

También es de destacarse la infinidad de grupos especiales que han circulado a lo largo y ancho de la Secretaría de Seguridad Pública, los cuales, como tantas veces, han terminado en un completo fracaso, lo cual no es de sorprenderse, considerando sus tan peculiares “capacitaciones al vapor”. Vimos el abuso de poder de del famoso grupo “SWAT” y el antipandillas, conocido por el pseudónimo de grupo “panteras”, así como la fracasada policía turísticas, el grupo especial táctico también conocido como Grupo de Reacción, la policía auxiliar, la policía antimotines o especializada en eventos masivos, los centros de Atención a Víctimas, dentro de los cuales se encontraban personas de dudosa escolaridad que llegaban a sus puestos, por ser las concubinas de los altos mandos, rascándose (o quizás escarbándose) el ombligo con delicioso placer.

Jamás se había visto en la historia de tan bello y pintoresco Estado provinciano, cómo los cárteles llegan al interior de las dependencias de Seguridad Pública, como Juan por su casa, y matan custodios, preventivos, ministeriales, detenidos, oficiales calificadores, policías municipales que caen cual si fuera un efecto dominó, mientras que las autoridades planean formas de combate que no rinden resultados (quizás sea más efectivo pegar en las unidades policiales, imágenes de San Miguel Arcángel).

Es tal el caos, que la federación ha decidido retirar a los elementos de la Secretaría de Marina de las calles, que más que calles, parecen ríos de sangre, y esa “ola de paz” de nuestro Edil, se ha vuelto una marea roja que está muy lejos de brindar paz, quemándose la ciudad, mientras nuestro presidente se encuentra tranquilo, mirando apaciblemente sus hermosas bicicletas que ahí están, como si fueran estatuas, obras de arte como aquellas que también se están robando.

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