viernes, agosto 28, 2026
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Son orugas refugio de artistas urbanos

Amaury y Rosendo, también conocidos como ‘Chendo’ o ‘Ro’, son  dos músicos que se la pasan tocando en las orugas para ganarse la vida.

Así como ellos, existen muchos más artistas urbanos y decenas de comerciantes que se suben a las orugas o a las bases de transferencia y tienen que soportar a veces ser ignorados, amenazados o hasta ser “correteados” por las autoridades.

Mientras se discute si aumentará o no la tarifa para el transporte público de León, a lo largo de los años, y principalmente en las orugas, se volvió un escenario que propició diversas situaciones; desde robos de carteras, la proliferación de diversos raperos, artistas urbanos, comerciantes e incluso payasos y adultos mayores que se suben a pedir unas monedas.

Un trabajo como todos

Amaury y Rosendo compartieron con El Heraldo la forma en la que viven su jornada laboral en los camiones.

“Lo primero es ver una oruga que no venga tan llena pero tampoco tan sola, y después pedir permiso a los operadores”, dice Ro.

En un recorrido por las líneas de las orugas, ellos hacen lo que les gusta e interpretan canciones del grupo de rock Enanitos Verdes como ‘Luz de día’ o ‘Lamento boliviano’ al ritmo de la guitarra, el cajón flamenco y una flauta.

Ser artista urbano es un trabajo como cualquier otro, pues les resulta muy redituable.

 “Cuando te subes y las personas responden o te siguen, quieres hacer la fiesta allá arriba y prender la oruga.  Más allá del dinero, hacemos lo que nos gusta” expresaron.

Para Rosendo es muy satisfactorio que les digan que tocan bien, que les gusta, además de que en las orugas ellos se consideran una especie de figuras públicas que son en ocasiones ya muy reconocidas por las personas debido a la frecuencia con la que tocan.

Por eso también el tratar de ser un buen ejemplo para ellos los motiva a seguir, y no buscar pleitos, también les representa una mayor responsabilidad.

Amaury ya tiene más de 5 años tocando en los camiones, y Rosendo es relativamente nuevo, pues apenas comenzó el mes pasado, aunque ambos se conocen desde hace más de 10 años y son músicos desde ese tiempo.

En las orugas les ha tocado ver de todo, como presenciar o protagonizar pleitos, aunque también les permite conocer diversidad de personas, incluso hasta  los choferes ya los conocen y llegan a saber diferenciar quién sí les da permiso para tocar y quién no.

Cuando no les dan permiso ellos se preguntan el porqué, pues “no hacemos nada malo”, aunque prefieren esperarse al siguiente camión para tener permiso del operador.

Molestia de la ciudadanía

Cuando los camiones van muy llenos,  es molesto para la ciudadanía tener que bajar y tener a algún guitarrista en medio del pasillo u obstruyendo la puerta por ejemplo, por ello los artistas tienen que encontrar un punto medio para poder subirse.

Amaury compartió que ha habido personas que se molestan porque toca, aunque muy pocas veces, sí las ha habido, pues una vez esperando el camión estaba sentado afinando y tocando para sí, una persona sentada en las bancas sí le hizo comentarios al respecto.

Con las autoridades también ha habido roces, aunque sólo queda en eso, en llamadas de atención, ya que se supone vender o tocar y cantar en los camiones está completamente prohibido.

Cuando comienzan a tocar y los callan, señalaron que no les queda más que aguantar la vergüenza y esperar unos minutos para el siguiente camión.

Amaury sabe tocar diversos instrumentos como la guitarra, el ukelele, el bajo eléctrico y algo de teclado. Por su parte a Rosendo se le da todo lo de percusiones como la batería, timbales, el cajón flamenco, entre otros.

Hasta 500 pesos diarios

Como en todo, ellos tienen días buenos y malos, en una jornada laboral de 9 de la mañana a 6 de la tarde con su respectiva hora de comida, les deja aproximadamente una ganancia de mil pesos. De éstos, se los reparten entre dos y cada quien se va a su hogar a descansar y prepararse para el día siguiente.

Comparó también la diferencia entre una ciudad cultural como Guanajuato a una industrial como lo es León, pues según en Guanajuato ser músico o artista urbano es mucho más redituable que en León, ya que al día en un lapso de 4 horas por ejemplo, en Guanajuato llegan a lograrse hasta mil pesos.

Para explotar su talento de manera ‘oficial’ señaló que León no tiene las plataformas o la capacidad para presentar a cientos de músicos que están de manera independiente en León, esto debido a que la competencia es muy fuerte.

Hermandad de poco más de 30 músicos

Según Amaury existe una hermandad de diversos músicos que tocan en las orugas, es decir, todos los que riman, cantan o tocan algún instrumento se conocen, y como en todos lados no faltan las envidias, aunque por lo regular todos se llevan bien.

Es de llamar la atención que, de todos los artistas urbanos que están en la oruga, sólo ocho aproximadamente son mujeres, pues los hombres siguen dominando la mayoría del total de artistas urbanos, aunque casi todas las mujeres que están ahí son muy talentosas en lo que hacen. La mayoría de los artistas urbanos que andan en las orugas tienen un rango de edad que va de los 20 años a los 30, aunque hay señores que sobrepasan esa edad.

Incluso, cuando es cumpleaños de alguno de ellos, señaló que hasta se reúnen para poder festejarlo.

Jornadas de trabajo diferentes

Una jornada en la oruga de un músico comparada a la de un adulto mayor o alguna persona que presuntamente está enferma y se sube a mendigar a las orugas puede ser distinta desde el inicio, pues por lo regular no todos se suben con permiso.

Además, los que padecen alguna enfermedad casi siempre portan un documento que supuestamente avala su condición de salud.

Es muy común verlos a distintas horas, y por otro lado también están los raperos que viven de inventar rimas con los pasajeros y de los pasajeros, algunas chuscas y divertidas, tanto que llegan a veces a ridiculizar a la persona; sin embargo así se ganan la vida, y dependen de la generosidad de las personas que gusten pagarles por prestar su servicio.

Los comerciantes por su parte, viven de manera muy diferente todo esto, ya que son los más sancionados por parte de las autoridades de Mercados.

Para Amaury el prohibirle trabajar a alguien es algo muy triste, pues ellos no son carteristas, y a éstos nunca les dicen nada.

Comerciantes piden trabajar regulados

Mary es una madre de familia que vive de vender churros no sólo en los camiones sino en las bases de transferencia e incluso en las calles.

Cuando está en las paradas de la oruga, trata de hacerse lo más pegada a la reja para no estorbar, pues su puestecito llega a ocupar el espacio que una persona de pie ocuparía. Ella y la señora Fernanda, también comerciante, a veces se encuentran, aunque cada una vende diversos productos.

Las dos coincidieron en que estar reguladas, con el permiso de las autoridades para vender  puede ahorrarles muchas cosas como estar en dimes y diretes con autoridades, evitar que las correteen, y hasta evitar ser maltratadas.

Mary expresó: “No pido estar todo el día. Pedimos que si nos dejan trabajar y tener un diálogo tranquilo, a veces las nuevas pantallas o las bancas estorban más. Tengo hijas, pago renta, pago luz, pago agua y es de donde me sostengo”.

Cuando son sancionadas por funcionarios del área de  Mercados por ejemplo, pagan diversas multas y toda su mercancía se les confisca.

La señora Fernanda trata de siempre estar ‘a las vivas’ y no ser ‘atrapada’, pues ya no sabe ni qué sentir cuando eso pasa debido a que ha visto que las mismas autoridades aceptan sobornos por parte de otros comerciantes para trabajar.

 “Ya le he dicho que cuánto quiere para que me deje trabajar, no se vale que sean discriminatorios”, expresó.

Ella relató que en ocasiones se siente como delincuente aunque trate de ganarse la vida honradamente y no robar como los carteristas, por ejemplo.

Para ella es triste que regularmente no exista un diálogo, y en cuanto la autoridad llega las agreda verbalmente o les quite y aviente sus mercancías.

En situaciones así, relató que pasajeros de la oruga se han llegado a meter para pedir a la autoridad trate con respeto y no abuse de la señora.

Una ocasión que trató de contestarle a un empleado de Mercados, llevaron una patrulla amagándola de que sería detenida.

 “Pedimos un  horario, estar en sana paz y que nos reunamos para dialogar, algo así como las placitas”, sentenció  Fernanda.

Edgar Cristián, por su parte,  es un joven de 17 años que le ayuda a su madre a trabajar vendiendo gelatinas en las bases; estar unas 2 o máximo 3 horas en la central de transferencia para él es suficiente para llevar sustento a su casa.

Él y su mamá se quedaron solos, pues su padre falleció hace poco y por eso tuvo que dejar la escuela para poder sustentar “los gastos de la casa”.

En las calles o donde se pueda vender

Él lo que pide es poder llegar a un acuerdo en un horario en que no sea hora pico por ejemplo y pueda vender a gusto. Cuando no acaba en las bases, se sale a la calle para terminar su labor, y así, la mayoría de artistas urbanos, comerciantes y personas que piden limosna se van y buscan alternativas como ir a fondas o lugares concurridos para lograr sacar dinero para comer.

Como seres humanos ellos tratan de sacar su vida y no molestar a la mayoría haciendo diversas actividades.

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