Que los ingenieros y arquitectos planean y diseñan las obras para edificar inmuebles en sus justas dimensiones geométricas, solamente se aparecen con gafas oscuras, planos en las manos que extienden apuntando con el dedo índice y dan órdenes cómodamente portando cascos como si les fueran a caer las piedras encima, lo que casi nunca ocurre…Pero en realidad los titulados no cargan ni piedras ni pegan ladrillos uno por uno para cimientos y levantan muros y fijar techos, ni levantan castillos de fierro, ni hacen las mezclas ni techan…Son pues gente educada y estudiada que llegan en sus autos últimos modelos con letreros de sus compañías constructoras, pero que en verdad aunque duela los verdaderos y auténticos constructores de sol a sol que llegan a pie, sudando, calzando huaraches, tenis rotos o botas puntiagudas con estoperoles pa’ que suenen y cachuchas viejas, igual que camisetas deslavadas y pantalones de mezclilla descoloridos, portando al hombro sus itacates de lonches para los almuerzos, desde el amanecer y hasta el anochecer, son nada más ni menos que los albañiles guiados con sus maistros, zorritas, cerillitos, peones y obreros de media cuchara…Y ahora en celebraciones de la Santa Cruz, orgullosos portaron sus cruces bendecidas que colocan en lo alto de las obras en muros que construyen, para que desde todos los lados y ángulos las vean, al igual que tras prender mechas que suben zigzagueantes en lo alto del ambiente hasta hacen humo por el fuerte tronido de cuetes…Y celebran con manos en la obra y comilonas que a todos invitan las carnitas con frijoles y arroz, salsa del molcajete, chiles serranos o güeros toreados, chicharrón o chorizo con chile que preparan en botes de manteca y en comal con sus sabrosas quesadillas y creadillas en tortillas del comal doraditas, sin faltar la moronga, ricos tacos de la canasta; y otros ´ñeros fueron de traje al llevar caldos de camarón, médula y espinazo, chiles rellenos, picadillo con rajas, costillas en salsa roja taquitos doraos de sesos y, además degustar sus tepaches, mescales y cartones de puras caguamas, para decir, invitar y saludar a todos hasta con música norteña “Tú mi chiquita”, de aquella casita tan blanca y monita…que era mía…”.
No chille y mejor diga salud: órale compa, no le saque ni se raje, porque aquí sí hay jale con la barriga llena y el corazón contento, porque así somos los compas de acá y no andamos con poses… En eso que llega la banda tronando platillos y tambores y todos a coro de gritos desafinados entran al quite y palomazo y se lanzan a plena voz en cuello por purititas ganas desde sus roncos pechos con chorros de chisguetes como falsetes: “ya muerto me voy a llevar nomás un puño de tierra”.




