jueves, agosto 27, 2026
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El hubiera no existe, no…

Eso lo sé porque es un dicho popular, pero también porque me gusta estudiar y enseñar Español. Y así, chusmeando por aquí y por allá, me enteré de que el “hubiera” pertenece al modo subjuntivo, el modo de la posibilidad, del tal vez, del quizá; tiempo antepretérito o más elegantemente, pretérito pluscuamperfecto, y ni modo, no existe.

Cuántos “hubieras” hemos lanzado al universo en la vida, sobre todo en áreas del amor. Si hubiera sido menos celosa, si me hubiera quedado en Argentina, si me hubiera ido a Puebla, si le hubiera dado una segunda oportunidad, si le hubiera roto su mandarina en gajos (¡ah, no!, eso no, disculpen) pero el hubiera no existe, no…

Así de melancólica me puse después de leer “LA QUE HUBIERA AMADO TANTO”, texto dramático de Alejandro Licona, dramaturgo, guionista y narrador, nacido en la ciudad de México el 12 de abril de 1953.

Uno podría creer, mientras lee la ligereza de los diálogos, que está ante una comedia, pero bastan algunas frases o ideas para saber que estamos ante un dramononón, pues la historia se centra en Odilón, un  hombre soltero que se cuestiona por qué está solo sino está tan feo ni tan jodido (cuestionamiento que seguro muchos nos hemos hecho). Su consuelo es pensar que su amigo Lotario está peor que él, pero sorpresa, Lotario es todo un galán que desde que descubrió las mujeres en lata, (sí, leyó bien, mujeres enlatadas, “al gusto, ideal y desechable” prefabricadas y dispuestas a obedecer y cumplir todos sus deseos), no pasa ya ninguna noche solo. Así que imagine usted lo que sucederá cuando Odilón abra la lata abollada que le regala su amigo. Claro que si no le gusta o se cansa de la mujer que de ahí salga, basta con clavarle un cuchillo en el corazón para deshacerse de ella, total, “no es de verdad”.

Metáforas nada más para reflejar nuestra triste realidad, (aunque cabe recalcar que la obra es de hace poco más de 20 años). Y dejemos de lado si los personajes son hombres hablando de mujeres enlatadas, hoy la charla de estos dos buenos amigos, podrías ser perfectamente entre dos chicas, porque al final, independientemente del género o la preferencia sexual, nos hemos convertidos en seres necesitados y urgidos de amor y compañía, pero sin querer asumir compromisos ni responsabilidades, no queremos “ataduras”.

Además queremos la pareja perfecta, “ni muy muy, ni tan tan”. Queremos alguien para presumir, que cause envidia entre nuestros conocidos, pero repito, que no estorbe. Y si el amor que deseamos no viene en el envase soñado, ni voltearlo a ver aunque sea el amor más profundo, desinteresado y sincero (si es que eso existe). Y a la mejor así se nos han ido grandes historias de amor. Si tan solo nos hubiéramos dado la oportunidad de amar… pero el hubiera no existe, no…

“Es chingón sentirse amado. No le hace que sea de mentiras.”

Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com

Twitter: @LibrosLidia

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