Los vendedores de palmas, realizan dicha actividad más por tradición que por negocio.
Así lo señaló Alejandra, una vendedora de palmas que se ubicó un costado de la catedral de León el día de ayer y quien compartió que muchas tradiciones están en riesgo y por eso, con su labor, intenta preservarlas.
“Queremos que las generaciones que vienen sigan creyendo que hay algo de esperanza”, expresó.
Ella, año con año se ubica frente a templos como cientos de personas en la ciudad para vender palmas y ramitos de manzanilla, y expuso que no lo hace por el dinero porque siendo realistas, no son muchas las ganancias.
Señaló que ya tiene realizando ésta labor durante 26 años y uno tras otro, las ventas de estos productos bajan más y más. Atribuyó esto a que hoy en día ya hay varias religiones: cristianos, ateos, mormones, budistas, y demás, y que las generaciones que vienen ya perdieron el sentido de devoción y el respeto y temor de Dios.
“Ya no hay un temor de Dios y el respeto que nos inculcaron antes ya casi no existe”, expresó.
Señaló que su labor es porque en sus familias tienen esa tradición de año con año vender el domingo de ramos las pequeñas palmitas, pues su madre tenía esa costumbre y ahora ella ya le enseña a su hija lo mismo.
Tiene deseado realizar esto hasta “que el cuerpo y Dios me lo permitan”.
Transmitir esta enseñanza a sus hijos es otra forma de preservar la tradición y para el día que ellos como padres falten, los hijo puedan llevarlos en su memoria y en sus acciones.




