miércoles, septiembre 2, 2026
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Pan y circo

Esta semana se sumó a la lista de moños negros, uno más: el correspondiente al oficial Josafat Iván Job Martínez, honorable elemento de la Policía Ministerial perteneciente a la Fiscalía General del Estado. Hemos convertido nuestro estado en un eterno Obituario. “Que no te disfracen tus cadenas con flores”, señalaba el enciclopedista francés Jean Jaques Rousseau en su tan afamada obra “el contrato social” (obra cuya lectura estaba prohibida durante la época de la guerra de independencia, y cuyo contenido los historiadores lo han catalogado como una de las causas extrínsecas que dieron origen a la Independencia de México). Es triste ver cómo el Estado hace impactantes campañas publicitarias invitando a los jóvenes a formar parte de las fuerzas armadas policiales dentro del estado. “Este mensaje va dirigido a quienes tienen el gusto de proteger a los demás…”.

Así comienza el anuncio promocional para reclutamiento de policías de la Academia de Policía de la Ciudad más grande del estado, sin faltar por supuesto, para dar mayor impacto al inconsciente, ese fondo musical digno de una película de súper héroes. Observamos a una juventud optimista, inocente, que va al campo de batalla mal preparada, y sobre todo, mal informada, ya que jamás se les informa el cúmulo de anomalías que están detrás de la realidad policial. En dichas campañas, el escenario debería de ser distinto: deberían de acompañar dichos promocionales en tonos grises, con música fúnebre como acompañamiento, elementos caídos a media calle, mientras otros oficiales se encuentran sentados en la banca de los acusados, señalados por las propias autoridades que les exhortaron a hacer bien su trabajo, y al final, terminan acusados como los peores criminales. Jamás se les indica que ellos no pueden cometer errores, y que las equivocaciones se pagan con sangre o con cárcel. Nunca se les informa que se violarán todos sus derechos laborales, que les esperan noches obligadas de insomnio, días enteros de mal comer, bajo esa ridícula frase de “tienes que ponerte la camiseta”. Desde el inicio, el proceso de reclutamiento está mal: la gran mayoría de los integrantes, entra a las filas policiales más por necesidad que por vocación.

Cientos de jóvenes universitarios víctimas del desempleo, ven en las filas de la Policía Ministerial una oportunidad de tener un sueldo decoroso, sin saber que le están vendiendo su alma al diablo. En la inducción jamás se les advirtió que serían capacitados de formas “exprés” mediante cursos “on line” que a nadie sirve, ni tampoco se les advirtió que el principal enemigo a vencer no se encuentra en la calle sino en las propias instituciones gubernamentales. Detener a un criminal es fácil, lo difícil es enfrentarse con Asuntos Internos y los Derechos Humanos, a los cuales de forma graciosa los policías les han designado el mote de “Derechos Malandros”.

Seguimos esperando la llegada de esa “paz duradera”, esa “ola expansiva de paz” que tanto anuncio nuestro alcalde en su informe de gobierno. La paz no ha durado, y para ser más precisos, ni siquiera ha llegado; lo único que nos ha durado es esta lluvia de plomo y sangre que parece no tener fin. Esa ola expansiva de paz se ha convertido en una ola de terror que se ha salido de control. Vemos que ya se han vuelto virales las miles de fotografías en las redes sociales, donde aparecen los rostros de asaltantes de todas las colonias, denunciados públicamente por los ciudadanos, quienes aún con ilusión esperan que las autoridades cumplan sus promesas: tenerlos tras las rejas. Pero no es así. En contraste, observamos que ahora se suman a la lista de esas escorias sociales, la hermana de uno de ellos, el ya tan famoso “Panda”, esa famosa sabandija que es el terror de las calles y la burla de las Instancias procuradoras de justicia y de Seguridad Pública. Esa es nuestra realidad.

Vivimos una época de crisis, donde todo hace falta: cultura, educación, deporte, trabajo, capacitación para el empleo, salud, seguridad, y una fila interminable de necesidades.

Sin embargo, en este momento tenemos una emergencia llamada “seguridad pública”, y observamos que lejos de estar invirtiendo en ese rubro (destacamos que invertir no es sinónimo de robar, ni tampoco es sinónimo de desviar recursos bajo el pretexto de “gastos de capacitación”), estamos invirtiendo en obras públicas que han provocado un verdadero caos vial en la ciudad. Nuestra ciudad no necesita ciclovías, lo que necesita es esa tranquilidad de que no voy a ser víctima de un asalto mientras circulo en mi bicicleta. Necesitamos vencer al nepotismo, contratando a verdaderos profesionales en el tema y dejar que realicen su trabajo, cerrarles la puerta a los buitres y roedores a los que elegantemente se les ha llamado “políticos”.

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