Atrás de las oficinas de gobierno, encontramos personas de carne y hueso como usted y como yo. Gente que se transforma en funcionarios de gobierno municipal, estatal o federal según sea el caso. Y digo se transforman, ya que durante su jornada de trabajo sufren una metamorfosis cuando están atrás de un mostrador o un escritorio al atender a ciudadanos que muchas veces demandan una mínima atención de información de un trámite burocrático y reciben una respuesta cortante o indolente del funcionario en turno.
La falta de voluntad, de ganas de trabajar y sobre todo de hacer bien las cosas es la característica que hoy por hoy se vive en prácticamente toda la administración pública municipal, estatal y federal. Lo mismo en instituciones hospitalarias, en planteles educativos, en oficinas recaudadoras de impuestos y en cualquier trámite burocrático para lo que sea, encontramos caras largas, respuestas poco sensibles y amables por aquellos hombres y mujeres que están para brindar al ciudadano una atención con calidad.
Parecería que los trabajadores al servicio del estado hacen un favor cuando atienden al público en general. Hay casos de exagerado tiempo en espera para dar respuesta a un simple trámite, que puede ser respondido con un si o no; pero hay que esperar a que muchas veces terminen sus tertulias con sus compañeros de oficina o atiendan sus asuntos personales y familiares vía telefónica o por Whats App.
Y si el ciudadano se atreve a llamar la atención o quejarse del mal servicio con el burócrata en turno, inmediatamente encuentran una respuesta de una presunta “víctima” que así se sienten o dicen, los hacemos sentir porque también ellos tienen el derecho de tomar sus alimentos, atender a sus familiares, amigos o lo que sea durante sus horas de trabajo y los ciudadanos debemos y tenemos que entenderlos, a cambio de que ellos no entienden al ciudadano.
El significado de indolente, es “aquel que se caracteriza por su negligencia, falta de actividad y de aplicación en el cumplimiento de las obligaciones”. Se puede agregar también, ser apáticos, perezosos, insensibles a cualquier conmoción o actuación.
El indolente, es visto en el área de la psicología como una persona que no se conmueve ante el dolor o la preocupación de otros individuos. Tomando en cuenta lo anterior, se puede deducir que la indolencia es opuesta a los valores de solidaridad, empatía, apoyo, atención y servicio que permite la unión de los individuos que forman una sociedad. Así se comportan cientos de funcionarios públicos que están para servir y atender al pueblo.
Pero por supuesto que no todos son iguales o malos y arrogantes. Son pocos los funcionarios amables, atentos y con capacidad de servicio a la ciudadanía, que cuando uno se topa con alguien así, da ganas de llorar de la emoción o pellizcarse una y otra vez por no creer que existan esos personajes en vías de extinción en el servicio público.
Por supuesto que no es nuevo esta descripción que hago, si mucho menos esta crítica respetuosa a nuestra clase burocrática nacional, siempre hemos padecido este trato arrogante y déspota de los funcionarios, lo que pasa es que últimamente se ha acentuado esté pésimo servicio y trato que brindan los trabajadores al pueblo en general. No se a que obedece , pero en las últimas semanas y meses es una constante en cualquier oficina gubernamental.
El término de la arrogancia de oficinas gubernamentales, la acuño el Candidato del PRI a la Presidencia de la República, Lic. Luis Donaldo Colosio Murrieta, en su celebre discurso que pronuncio el 6 de marzo de 1994 en el Monumento a la Revolución, donde hacia una critica férrea al México de aquellos tiempos que demandaba entre muchas otras cosas……”un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.
Han transcurrido 25 años de ese señalamiento y critica, por supuesto mucho tiempo atrás ya se vivía y padecía ese abuso de autoridad en la atención al ciudadano cuando acudía a las oficinas de gobierno, pero nunca antes nadie, dentro del propio aparato del Estado, había reconocido este trato arrogante e indolente por parte de los propios funcionarios que estaban y están para dar atención y calidad en los servicios públicos.
Con la cuarta transformación, es hora de reformar el poder y un sector urgente de dicho cambio es la burocracia y su relación con la ciudadanía que pide y demanda mejores servicios, pero sobre todo, un trato digno y amable.
¿No cree usted?



