MACHACANTE
El primer mandatario mexicano, en su escenario mañanero, insiste una y otra vez que el país va viento en popa; que conforme pasa el tiempo, todo –bajo su presidencial purificación, perdón y olvido- los ciudadanos van olvidando los 36 años de perversos gobiernos neoliberales que sumieron a la nación en un marasmo de corrupción que, jamás, volveremos a presencia en México.
Por esa pontifical, ya no hay guerra contra el narcotráfico, porque y se acabaron los narcotraficantes, las familias y las comunidades enteras que los protegen, a quienes se juró solemnemente, que les darán becas y trabajo para ganar –en la honrosa medianía juarista- hasta cinco mil pesos mensuales.
Era obvio que uno de los malandros le respondiera: “¿Cinco mil pesos al mes….? Eso lo gano yo, en una hora” El escribano no alcanza a imaginar la fila de capos, reyes del huachicol y sus corifeos, empleados, escoltas, esclavos y raza que los acompaña siempre, haciendo fila en las oficinas de don Carlitos Urzúa para entregar sus facturas , con IVA desglosado, esperando que les informen de las fechas de pago.
Este trámite es obligado por argumentaciones del SAT, a la vez que será necesario que los sujetos-becarios de la transición del presidente López, esperen lo suficiente, porque los apoyos se tardan…y bastante. Pregúntese a las mujeres, a los ancianos, a los minusválidos y a los empleados de las casas de protección para mujeres. En fin, el asunto es que ¿de verdad vamos muy bien?
ESTADÍSTICAS
Las cifras de respaldo a lo que hace el presidente son asombrosas. Los encuestados estiman que el mandatario es como el Alka Seltzer: Todo mundo dice que sí hace…pero, nadie sabe con exactitud, qué hace. Veamos:
Reuters y El Financiero difundieron la nota que provocó revuelo en los mercados, en el mundo empresarial y en los observadores del crecimiento de este país, cuando –además de Fitch Raitings- es ahora, la calificadora Standard & Poor’s, la que bajó la calificación de México. Para entender con detalles “y en cristiano”, decía mi santa agüe, el escribano recomienda a sus bellísimas lectoras y amables lectores, la colaboración del Maestro Enrique Quintana en El Financiero, para dimensionar los alcances del asunto.
Esta vez, el presidente López ya no catalogó de “hipócrita” a S&P, fue más mesurado. México bajó su calificación de “estable” a “negativa”, previendo un crecimiento económico menor.
LAS RAZONES DE S&P
El presidente deja entrever que las empresas públicas son buenas y las empresas privadas son malas. Con todo, atestiguó el cambio de dirigente nacional en el CCE. Pero, ¿qué criterios asume la calificadora para emitir su juicio? Simple: el cambio de políticas del gobierno federal, para reducir la participación de la iniciativa privada en el sector energético y otros proyectos, lo que llevó, dice la nota, a una caída en la inversión y la confianza. Agréguese todo el peso de la deuda del país y la impagable suma que PEMEX le debe a todo mundo.
«Esperamos que la administración López Obrador implemente pragmáticamente políticas económicas que equilibren las prioridades sociales con la necesidad de la estabilidad macroeconómica en México», dijo S&P en un comunicado, se insiste. El problema adicional es que, cualquier cambio coyuntural puede comprometer, aún más, el cumplimiento de los compromisos
Lo que a este escribano pone a pensar, es que, lejos de mirar al futuro, parece que la visión del nuevo gobierno –como bien lo señala el Ing. Manuel Clouthier Carrillo- es la regresión viable al Siglo XIX.
Obligado es cuestionar: ¿Si de verdad vamos tan bien…por qué los que sí saben, aseguran que vamos tan mal? Y no se vale el argumento descalificador de que son “neoliberales” o “Fifís”.



