A 166 años del aniversario de su natalicio, se le guarda grata memoria y admiración.
Hombre visionario y cumbre en la fotografía mexicana, que se anticipó a su época en la captación de imágenes de la sociedad de su tiempo y dejó honda huella de testimonio a la posteridad, con admirables muestras de su inagotable capacidad artística.
Se trató de Romualdo García Torres, considerado el mayor fotógrafo que ha tenido Guanajuato, por su minucioso y cuidado trabajo y quehacer desarrollados en la gráfica, dejando sello de iniciativa, creatividad y capacidad
Originario del municipio de Silao, imprimió a su gran obra fotográfica su sello personal, incomparable entre los fotógrafo de su época del México de finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX.
Gran parte de su obra, entre placas, negativos e impresiones fotográficas se mantienen a resguardo en la fototeca del Museo de la Alhóndiga de Granaditas, para su consulta y observación de las piezas invaluables por su importancia y trascendencia que forman parte de la memoria gráfica e histórica del imaginario colectivo de la sociedad mexicana entre los cambios de las pasadas centurias.
Origen
Romualdo García Torres nació en la ciudad de Silao, Guanajuato, un día como hoy pero el 13 de febrero de 1853.
En su lugar de origen, refieren los historiadores y cronistas consultados que pasó los primeros cinco años de su vida.
Narran que “su infancia tranquila, rota sólo por el bullicio pintoresco del comercio que ofrecía sus productos: gallinas, guajolotes, chivos, puercos, frutas y verduras que tan generosamente se cultivaban en ese Bajío.
En su tiempo, mencionaron que la economía de Silao era muy sólida por las haciendas que allí existían: Franco, Aguas Buenas, El Bosque, Cerritos, Coecillo, Comanjilla, Loza de Barrera, Medio Sitio, Nápoles, La pila, Puerta grande, San Agustín, San Diego, San Francisco de Puerta Chica, San Isidro, Sotelo, Trejo y Chichimequillas.
También eran atraídos por las aguas termales que brotaban de los manantiales de Aguasbuenas y Comanjilla, al que le adjudicaban propiedades curativas y medicinales.
Luego se traslado a la capital del Estado en esa época era conocida como “el dormitorio de Guanajuato”, debido a la presencia de las grandes personalidades de la política, el arte, la ciencia y los más acaudalados comerciantes huían de los fétidos olores que emanaban del río a cielo abierto que atraviesa la ciudad de Guanajuato.
Al parecer ser que su madre Feliciana Torres al enviudar recibió una invitación para trabajar en la capital con Cenobio Vázquez, primo lejano y propietario de una botica ubicada en la calle de la Cruz Verde, quien la emplea como ama de llaves y le ofrece vivir en los altos de su negocio.
Trayectoria
Rememoraron que una vez establecidos, Romualdo “inicia sus estudios primarios en la escuela de Belén; pocos años después empezó a trabajar también en el establecimiento de don Cenobio, lavando los recipientes en que preparaba y vendía los medicamentos, recibiendo su primer sueldo que era de nueve centavos diarios.
Es allí donde conoce a don Vicente Fernández, también originario de Silao, reconocido en Guanajuato como un sabio y culto personaje, recordado aún como una de las grandes glorias del Colegio del Estado (hoy Universidad de Guanajuato), y quien era también ya un prestigiado fotógrafo; y este hombre, 16 años mayor que Romualdo, le enseñó los principios elementales de la física y la química”.
Obra
Se inició en la fotografía y a partir de 1887 abrió públicamente su estudio, ubicado en Cantarranas número 34, en el primer cuadro del centro histórico de la ciudad.
Por ello retrató a todos los sectores de la población guanajuatense: niños, hombres, mujeres, ancianos, gente con niños muertos, etcétera.
Así, Romualdo se convirtió en su fotógrafo por excelencia.
En 1878 abre su primer estudio, convirtiéndose en el fotógrafo preferido de la sociedad guanajuatense, actividad que hace suya de 1887 hasta 1914, año en que deja su estudio en manos de sus hijos Manuel y Salvador.
Su prestigio aumentó después de que la exposición universal de París le concediera la medalla de bronce. Su estudio “Romualdo García e Hijos” se mantuvo activo hasta los últimos años del porfiriato.
Participó en concursos nacionales e internacionales, como el de la Exposición Universal de París en 1889, en el que se otorgó la Medalla de Bronce por su trabajo. Once años después, la misma exposición le entregó dos medallas y dos diplomas, mientras también fue premiado en las ciudades de México y en León.
En este lapso de 27 años, Romualdo adquiere un prestigio y reconocimiento local, nacional e internacional que sin lugar a dudas lo ubican como el fotógrafo guanajuatense por excelencia, de ahí que se haya decidido adoptar el nombre de “Romualdo García para la Fototeca Guanajuatense del museo Alhóndiga de Granaditas”.
El Fondo Romualdo García compuesto por su obra (colección que da origen a la Fototeca), consta principalmente de retratos de gelatina sobre vidrio de entre 1906 y 1914.



