Nací en uno de los países más diversos y bellos del mundo: México. No conozco otro que tenga la infinita riqueza y variedad del nuestro, a través de vivencias, viajes, aspectos culturales e historia y muchos otros factores. Lo he recorrido múltiples veces pero no lo conozco a fondo (¿quién sí?) pero lo que he presenciado es más que suficiente para enorgullecerme.
Tenemos una joya que centraliza muchas de las maravillas que tenemos, y esa es mi cuidad, la ciudad de México. La he vivido y gozado casi toda mi vida. Este monstruo anárquico te presenta un caleidoscopio infinito de culturas, sabores, arte, clima benigno e imágenes que perduran. No la cambiaría por nada aunque tengo varios lugares de referencia en donde he vivido o visitado. Los mexicanos somos, como se ha dicho muchas veces, gente cortes, amable, hospitalaria y, claro está, fiestera. Si tienen dudas pregúnteles a las personas de fuera que viven con nosotros.
Tristemente, ese México un tanto ideal y esa ciudad tan cosmopolita y atrayente se están llenando de sombras y malos augurios. La violencia y la delincuencia están creciendo y todos los índices lo corroboran, pero el golpe más duro es cuando le sucede a alguien cercano a ti. He visto bastante en mi trabajo de asesor familiar en toda Latinoamérica y me afectan la tristeza y el dolor de familias golpeadas por el crimen, organizado o no, pero el coraje, la vulnerabilidad y la impotencia que sienten las víctimas y sus seres queridos cuando pasa esto es algo mucho peor.
A pesar de múltiples buenas recomendaciones de seguridad, se sufren fraudes por chantaje telefónico en casas que, a pesar de estar informados y capacitados para ignorarlos, las personas de confianza caen en la trampa, las asustan y entrando en pánico les entregan bienes a esas mafias. Lo económico cuenta pero lo emocional con objetos heredados por generaciones de familiares ya fallecidos están causando un daño psicológico sustancial a las familias. Sabemos que esto sucede más seguido de lo que pensamos, pero siento que el problema ya creció últimamente a niveles insospechados en regiones y en áreas metropolitanas como la nuestra. Somos vulnerables y bastante escépticos de la actuación de las fuerzas de justicia y policiacas y esto se vuelve un círculo vicioso altamente peligroso. ¿Nos estaremos convirtiendo en un país fallido, muy diferente al que nos presentan las autoridades y la propaganda oficial, proveniente de cualquier partido? ¿Vamos ya a tocar fondo, o la espiral destructiva se agrandará? Desafortunadamente no lo sabemos y, pienso que las nuevas autoridades capitalinas y federales, que van a empezar sus funciones tienen un reto monumental para dar resultados tangibles y a muy corto plazo o las expectativas de muchos ciudadanos irán al basurero como ha sucedido anteriormente.
Debemos estar capacitados a no caer en trampas, cuidar nuestra integridad física y, estar atentos y protegernos de las sombras que nos amenazan. ¡A unirnos y cuidarnos todos!
Salo Grabinsky
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