El funesto accidente ocurrido en Bulevar Calcopirita, donde hubo al menos 9 muertos y 47 heridos tras la volcadura del camión LE306-E, dejó todo un cúmulo de emociones entre los leoneses: miedo, tristeza, frustración, desconcierto… pero también solidaridad y apoyo hacia las víctimas.
Alrededor de las 8:00 de la noche ocurrieron los hechos. El camión salió de la carretera, para caer y volcarse en medio del terreno baldío del bulevar. Durante horas, todos los pasajeros y vecinos quedaron sumergidos en el terror y la incertidumbre. Durante toda la noche hubo movimiento por parte de las autoridades, paramédicos y otros servicios de seguridad y rescate.
A la mañana siguiente, a tan solo dos días para que concluya el 2018, vecinos, familiares y curiosos se acercaron al lugar del accidente. En el lugar todavía podía apreciarse sangre seca, guantes de latex de los peritos y franjas amarillas que impedían el paso. Los cristales rotos, los trozos del camión y las huellas de las llantas prevalecían en el suelo. A unos metros de la tragedia, había veladoras y cruces, recordando a los fallecidos.
Una de las veladoras tenía juguetes, una mamila y una blusa de un bebé.
Las propiedades de los pasajeros quedaron esparcidas por doquier. Había fotografías de bodas, libretas, prendas de vestir. Francisco Javier Sánchez, dedicado al mantenimiento industrial, recogió las pocas cosas que pudo de los heridos: fotos familiares, agendas. “Había pánico y todo era un descontrol. Todo fue un caos. La gente comenzó a ayudar como pudo, por fortuna las autoridades llegaron a tiempo”,
Juan Luis Flores vive a unos pasos del lugar de los hechos. Recuerda cómo ocurrieron los hechos: “El camión venía de arriba hacia abajo, ya sin frenos. El chofer no lo pudo detener y le voló la válvula. Dio cuatro vueltas hacia abajo, y se empezó a salir la gente a chocar en el suelo. Había niños, señoras. Todos saliendo por las ventanillas. Yo avisé a las autoridades. La gente estaba aterrada, lo único que escucharon fue que el chofer les dijo que se agarraran fuerte, pues ya no traía frenos”.
Leticia Chávez vive en Pedregal del Sol, muy cerca de la tragedia. Fue a traer la cena cuando de súbito, ocurrió el accidente. El camión estaba tirado hacia el barranco, y su hijo, Genaro de Jesús Correa Chávez, bajó al barranco para ayudar a subir a la gente, para que los atendieran los paramédicos. Mucha gente de la colonia ayudó a salvar cuantas vidas fueran posibles.




