martes, septiembre 1, 2026
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Exhorta a las personas a no cerrar sus almas

Contra la violencia imperante nace el Niño Dios para derribar las barreras y eliminar las contraposiciones que dividen o enfrentan a las personas y los pueblos, para construir juntos un mundo de justicia y de paz, exhorta el Arzobispo Alfonso Cortés Contreras.

En su mensaje de Navidad a población, a través del Gaudium, exhorta a las personas a no cerrar sus almas para dejar nacer el amor del Niño Dios hecho hombre y dejarlo habitar en el corazón de cada uno de nosotros, para ser cada vez más personas que aman al prójimo y, por lo tanto, personas de paz en la sociedad.

Pero hay personas que cierran sus almas, creen que no necesitan a Dios y no lo quieren y otros que quizás moralmente son igual de pobres y pecadores, al menos sufren en ello, esperan que en ellos nazca el Niño Dios, saben que necesitan su bondad, aunque no tengan una idea precisa de ella. En su espíritu abierto a la esperanza, puede entrar la luz de Dios y, con ella, su paz, destaca el pastor católico en su mensaje en el Gaudium.

Donde ha brotado la fe en el Niño Dios, ha florecido también la caridad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y a los que sufren, la gracia del perdón. El ama a todos porque todos son criaturas suyas.

EL VERDADERO SENTIDO 

Refiere que el contenido de estas palabras sobre La Navidad, son parte de distintos escritos que el Papa Emérito, Benedicto XVI compartió para que podamos profundizar y vivir el verdadero sentido de este tiempo tan especial.

El Creador que tiene todo en sus manos, del que todos nosotros dependemos, se hace pequeño y necesitado del amor humano.

Se ha hecho nuestro prójimo, restableciendo también de este modo la imagen del hombre que a menudo se nos presenta tan poco atrayente.

Al nacer el Niños Dios en la pobreza de Belén quiere hacerse compañero de viaje de cada uno de nosotros.

En este mundo, desde que él mismo quiso poner aquí su “tienda”, nadie es extranjero. Es verdad, todos estamos de paso, pero es precisamente Jesús quien nos hace sentir como en casa en esta tierra santificada por su presencia. Pero nos pide que la convirtamos en una casa acogedora para todos.

Este es precisamente el don sorprendente de la Navidad: Jesús ha venido por cada uno de nosotros y en él nos ha hecho hermanos.

De ahí deriva el compromiso de superar cada vez más los recelos y los prejuicios, derribar las barreras y eliminar las contraposiciones que dividen o, peor aún, enfrentan a las personas y a los pueblos, para construir juntos un mundo de justicia y de paz.

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