Tirso Martínez Sánchez, testigo en el juicio que se sigue a Joaquín «El Chapo» Guzmán, afirmó que tenía inversiones millonarias en equipos profesionales de futbol en Irapuato y Celaya.
Aseguró que él era dueño de los clubes Gallos de Querétaro, Reboceros de La Piedad, Venados de Yucatán, así como de los equipos de Celaya e Irapuato.
Contestó al abogado defensor, William Purpura Martínez, que adquirió a los Venados de Yucatán mil dólares, y a los Reboceros de La Piedad por 2.2 millones de dólares.
También dijo que en 2004 vendió a los Reboceros por 10 millones de dólares, y tras liquidar a jugadores y directivos le quedaron 4 millones de dólares de ganancia.
Luego, cuando la Federación Mexicana de Futbol descubrió sus nexos con el narcotráfico, le ofreció 10 millones de dólares por adquirir a los equipos de su propiedad.
Si accionar en Guanajuato también involucró su afición por las peleas de gallos y acudió varias ocasiones al palenque de León para divertirse y apostar.
Dijo que frecuentaba los palenques no sólo de León, sino también de Guadalajara, Aguascalientes, Monterrey y Texcoco, y que en las apuestas a las peleas de gallos perdió entre 2 y 3 millones de dólares.
SOBORNOS A FEDERALES
Narró Tirso Martínez que él mismo entregó sobornos a la Policía Federal por miles de dólares para que permitieran el tráfico de drogas.
Estos sobornos, sobre los que Martínez no precisó fechas, sumaron entre cinco y 10 entregas por entre 100 mil y 150 mil dólares cada una, dijo Martínez en la Corte.
Los ingresos de Martínez, arrestado en México en 2014 y extraditado en 2015 a Estados Unidos, provenían de entregar cargamentos de cocaína en Los Ángeles, Chicago y Nueva York, por los que ganaba -de acuerdo con su testimonio- entre 10 y 15 por ciento.
Martínez ayudó a introducir más de un centenar de toneladas de cocaína a Estados Unidos, con un valor superior a mil millones de dólares, según su testimonio.
Martínez aseguró que se benefició de la violencia de los cárteles para los que trabajaba, porque «me sentía seguro, que nadie podía hacerme algo». No obstante, también contrató guardaespaldas privados para su familia.
Asimismo, para cambiar su rostro y evitar la persecución policial, Martínez se sometió a una cirugía de rostro fallida, que el médico suspendió porque el testigo perdía mucha sangre debido a que padecía hipertensión.
Martínez es ahora uno de los testigos protegidos que la fiscalía de Nueva York utiliza en su caso contra Guzmán Loera.




