La peregrinación Guadalupana de ayer domingo, fue simplemente espectacular.
Fueron decenas de miles, los organizadores estimaron unos 70 mil participantes, aunque en realidad las cifras no es lo importante, pues todas y todos, echaron porras, corearon vivas a la Virgen, cantaron, bailaron, sí, bailaron y desbordaron alegría, Fe y Esperanza durante esta magna Marcha que desde hace más de 60 años comenzó a celebrarse a instancias del gremio obrero y zapatero.
Y también fue esperanzador ver, palpar, constatar cómo las nuevas generaciones de leoneses se nutren desde sus más tiernos años, de la tradición y la cultura locales.
Madres y padres de familia con sus bebés en brazos, o en carriola adornada de globos blancos y rosas rojas como las de la familia Aguirre, se sumaron al gigantesco contingente y caminaron a la par de la columna por las calles más tradicionales de León hasta llegar al Santuario de Guadalupe.
También ayer domingo fue el mejor de los domingos a últimas fechas, pues no fue necesario el pretexto para, terminada la marcha, dirigirse a la Plaza Principal a comprar y disfrutar merecidamente de una agua fresca, una rebanada de pizza o palomitas sin olvidarse las cebadinas sentados en alguna banca de la Plaza, o sencillamente en el resquicio de la puerta de uno de los pocos, eso sí, pocos establecimientos que ayer cerraron sus puertas.
El festejo para agradecer a la Virgen de Guadalupe todos los favores recibidos este año -y siempre- principalmente tener trabajo, enmarcaron una tarde multicolor llena de Fe y adoración a la Patrona de los Mexicanos, que como cada año cumplieron y fueron hasta su casa, hasta su altar y le rindieron pleitesía prometiendo volver, si Dios presta vida, el próximo diciembre.




