
Las calles de esta ciudad -luego de 45 días de emergencia sanitaria– amanecieron una vez más como un escenario después de una batalla: solas y en silencio, sólo que en esta ocasión la confrontación no es contra ejército invasor alguno, sino contra un enemigo silencioso, invisible e implacable.
Una mañana fresca dio la bienvenida a los habitantes de la ciudad que no asistieron ni presenciaron acto oficial alguno para recordar la gesta heroica ocurrida en el ya lejano año de 1862, cuando el ejército comandado por Ignacio Zaragoza combatió y derrotó a los franceses, entonces considerados el más temible ejército de la época.
En las escuelas y espacios públicos no se escucharon el redoblar de los tambores y los acordes de las trompetas que recuerdan con gloria esta fecha, tampoco las astas banderas lucieron el estandarte tricolor.
Ni Guanajuato, tampoco México están en guerra civil, pero junto con sus habitantes libran un batalla cruenta y decidida contra un enemigo que nadie ve ni siente, pero que ha causado un enorme daño a las familias, al obligarlas a permanecer en sus casas, en medio de una pandemia que es indolente y devastadora.

El 5 de Mayo llega en un momento en que nuestra nación y todos quienes somos parte de ella nos enfrentamos a un enemigo que ha sembrado muerte y temor, pese a las medidas preventivas impuestas desde hace ya mes y medio.
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