jueves, septiembre 3, 2026
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A 170 años de la Batalla de Churubusco

“Si hubiera parque, no estaría usted aquí” General Pedro María Anaya

Diferentes enfrentamientos se libraron entre el ejército de los Estados Unidos de América y el mexicano cuando el primero invadió nuestro país en 1846, uno de ellos se libró el 20 de agosto de 1847, hace justamente 170 años, el que pasaría a la historia como la “Batalla de Churubusco”.

Después de la incursión de las fuerzas yanquis al terruño nacional como parte de la política expansionista del presidente estadounidense James K. Polk, éstas fueron ganando terreno a unas tropas mexicanas mal armadas, deficientemente alimentadas y peor dirigidas, en muchos casos.

A punto de entrar a la Ciudad de México se dieron una serie de combates donde invariablemente obtuvo la victoria el invasor, siendo vanos los esfuerzos verdaderamente valerosos de los combatientes mexicanos.

Ante los embates estadounidenses los locales consideraron, dadas las circunstancias del momento, que el mejor punto para hacerles frente era el convento de Santa María de Churubusco, edificación localizada al sur de la capital del país y que desde hace muchos años fue absorbida por la mancha urbana.

Los encargados de comandar la defensa del improvisado fuerte fueron Manuel Rincón y Pedro María Anaya, participando los batallones Independencia y Bravos, además del formado por irlandeses llamado de San Patricio. Los “San Patricios”, como eran conocidos por los mexicanos, eran desertores del ejército de las barras y las estrellas que se unieron a la causa nacional al ver la injusticia que se estaba cometiendo con la invasión, además de ser católicos también y no protestantes como el grueso de sus compañeros yanquis. El Batallón de San Patricio era liderado por un personaje que se ha forjado entre la historia y la leyenda, John O’Reiley.

A pesar de estar combatiendo en tierra propia las fuerzas tricolores solamente contaban con aproximadamente mil 300 efectivos para defender Churubusco, en contraste con los seis mil elementos que atacaron la fortificación, los que también estaban mucho mejor armados.

Además de contar con más hombres, los estadounidenses tenían bien estudiadas las zonas en las que se desarrollarían los enfrentamientos. Los mexicanos pelearon denodadamente a pesar de no contar con el armamento necesario y aun contra los errores o boicots internos. Así ocurrió cuando se quedaron sin municiones en medio de la refriega, pues el General Antonio López de Santa Anna les había hecho llegar parque que no era el indicado para los fusiles que se estaban usando. Hay versiones que hablan de que es posible que Santa Anna haya actuado así de manera intencional, pues veía en la figura del General Anaya a un futuro adversario en la arena política del país, claro que también es muy probable que haya sido una confusión por el momento que se vivía o la incapacidad demostrada una y otra vez de un buen número de oficiales y del mismo Santa Anna.

Para empeorar la situación del bando mexicano el ataque propició que estallara la poca pólvora que todavía se conservaba al interior del convento.

No faltaron, como en otros combates, actos de arrojo y valentía por parte de los defensores de la soberanía nacional. Uno de ellos fue protagonizado por el coronel Francisco Peñúñuri, quien se lanzó contra los invasores con algunos acompañantes antes que soportar la rendición, murió por el fuego estadounidense, no sin antes conminar a sus hombres a que siguieran luchando.

Todo fue inútil, el general David E. Twiggs ingresó finalmente a la edificación religiosa ante unos mexicanos que ya no tenían más medios de defensa. Al exigir que se le entregara el parque, el General Anaya se dirigió a él diciendo: “Si hubiera parque, no estaría usted aquí”.

Posteriormente, los integrantes del Batallón de San Patricio fueron ahorcados o marcados en el rostro por desertores. Nada impidió que los estadounidenses tomaran la capital y se quedaran con más de la mitad del territorio mexicano.

Actualmente el ex-Convento de Churubusco está convertido en el Museo Nacional de las Intervenciones, donde se puede conocer más de la invasión yanqui y sobre el enfrentamiento con otras potencias extranjeras.

El 20 de agosto de 1847 se libró una batalla en la que cayeron derrotadas las fuerzas nacionales conformadas por gran cantidad de voluntarios y pocos soldados profesionales, si se les puede llamar así, no se trata de celebrar derrotas sino de recordar a aquellos que no dudaron en dar su vida en aras de una nación que comenzaba a conformarse y a la que aún le esperaban muchos retos.

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