Cuando se habla de la literatura guanajuatense, muchos son los nombres que vienen a la mente de los lectores: Jorge Ibargüengoitia, Efrén Hernández o Efraín Huerta.  Sin embargo, la historia de las letras en el Estado tiene autores significativos, con una vida tan intensa y unos textos apasionados.

Tal es el caso de Victoriano Rodríguez, quizá el más importante poeta de principios del siglo pasado en San Francisco del Rincón.

Con toda seguridad, la gente de los Pueblos del Rincón ha caminado más de una vez por la calle con el nombre del poeta, lo que quizá desconozcan es la importancia que tiene Victoriano para la literatura del Estado, así como para todo México, pues fue uno de los muchos intelectuales con ideas liberales que estuvo preso por criticar el régimen de Porfirio Díaz.

Todo ser humano es producto de la época en la que le tocó vivir, y Victoriano no fue la excepción.  Al igual que muchos poetas de principio de siglo, Ramírez escribía para la gente de a pie, para las multitudes. Fue por eso que se le apodó “Poeta de las muchedumbres”. Así como Walt Whitman en Estados Unidos cantaba a las prostitutas o a los cuáqueros, Victoriano le escribía a los campesinos, a los obreros y a los artesanos de sombrero de San Francisco, como dice uno de sus poemas más famosos:

Del sombrerero es el taller honrado

Hay murmullos y risas y canciones

Y a la sombra del fresno en el cercado

Huertecillos, macetas y gorriones.

También canta a San Francisco del Rincón:

Cuna de mis mayores, tú me has dado

Desde que vi la luz por vez primera

Lo que el hombre más tiene de sagrado:

Su religión, su paz y su bandera.

Pero… ¿Qué hizo Victoriano Rodríguez? ¿Por qué es tan importante para la literatura guanajuatense y para la ciudad? La respuesta se puede encontrar en diferentes libros.  Uno es su biografía y recopilación de textos, escrito por Pascual Aceves Barajas, y otro es “Victoriano Rodríguez: poeta y periodista francorrinconense”, de  Julio Orozco Muñoz.

POETA, PENDENCIERO E IRREVERENTE

Un 11 de diciembre de 1876, vino al mundo Victoriano, en una casa de la calle la Estación, conocida hoy en día como Melchor Ocampo.  Su nacimiento coincide con el de otro gran periodista y escritor decimonónico: Jack London.

Victoriano fue hijo de Macario Rodríguez y Paula Muñoz, quienes desde pequeño lo enviaron a estudiar, fomentando su gusto por las letras y el dibujo. Con el paso de los años sintió afición por el periodismo, por lo que en 1904 funda “El industrial”, para después pasar a formar parte del diario “La Provincia” que sería, durante las primeras décadas del siglo XX, uno de los más relevantes de San Francisco del Rincón. Victoriano llegaría al puesto de director editorial.

Lo cierto es que Victoriano siempre fue un hombre inquieto, o como le define el libro de Aceves Barajas: “poeta, pendenciero e irreverente”… y eso no podía traer cosas buenas durante la dictadura de Porfirio Díaz.

Los verdaderos problemas para Victoriano empezaron durante una lectura pública de poesía, en la que criticó a las figuras de autoridad de la época:

…exclamo: ¡cualquier prohombre

Que al pueblo no sea garante,

Ese no es buen gobernante,

Buen mexicano… ni hombre!

Tiempo después, fue detenido y encerrado en la cárcel municipal, donde hoy en día está el Museo de la Ciudad.  Al respecto,  el poeta declaró: “los que prendieron el fuego que lo apaguen, aunque temo saldrán chamuscados por su propia lumbre”.

En efecto, Victoriano era incendiario.  Él no le escribía a las elites intelectuales, él era un poeta del pueblo, de la gente, en la línea de un Lope de Vega, de un Allen Ginsberg  o un Díaz Mirón. Al igual que ellos, le gustaba la parranda, las fiestas y la bebida, además de las letras y la necesidad de hacer justicia.

Así fue hasta el día de su muerte, el 6 de febrero de 1916.  Hoy en día persiste como el hombre que dotó de letras a la región, así como Hermenegildo Bustos de pintura.