– El primer cuadro de León languidece entre la histeria de su historia.
Sus viejas casonas, aquellas que en la primera mitad del Siglo XX fueron la morada de connotadas familias leonesas, hoy afrontan el deterioro derivado del implacable tiempo y del abismo legal de muchas propiedades intestadas.
Algunas conservan vistosas fachadas que presumen sus rasgos arquitectónicos de su época, pero muchas otras sufren graves deterioros en su fondo, entre baldíos y muladares.
La mayor parte de sus dueños hacen caso omiso, o bien, no se encuentran en condiciones legales o económicas para el rescate integral de las vetustas casonas que han caído en gradual deterioro.
El más reciente hálito de vida se aplicó en la calle Madero, donde los decanos inmuebles hubieron de cambiar de vocación para aspirar a su restauración. Sus espacios habitacionales mudaron hacia giros restauranteros y/o de bar.
Para unos, el costo social fue muy alto.
Para otros, era urgente una renovación integral, o de plano, seguir en la agonía.
El caso es que, entre protestas de los pocos vecinos que hoy habitan la calle Madero, la Presidencia Municipal aplicó el reglamento de su Código Urbano y clausuró a once antros fuera de la norma.
¿Cuál es el justo medio?
Es cierto que varios de los vetustos inmuebles renacieron con la “inyección” de inversión para la prestación de servicios. Se restauraron patios, habitaciones, baños, techos…
Hoy, su futuro nuevamente vuelve a ser incierto. Tal parece que la vocación única de estos inmuebles es la habitacional.
Pero, hoy día, densificar el primer cuadro de la ciudad ha sido una vieja quimera, muy lejos de la realidad.
¿Es el principio del fin del Centro Histórico?