Santa Ana del Conde tuvo una época de esplendor y fue un importante escenario histórico en tiempos de la Revolución

Con el paso de los años, los habitantes de comunidades rurales leonesas, como es el caso de Santa Ana del Conde, han optado por abandonar el oficio del cultivo. Las tierras dejan de ser redituables, de modo que, o las venden o se despiden de ellas. En el mejor de los casos las rentan.

En la actualidad, varios habitantes de Santa Ana del Conde optan por dedicarse a otras actividades que no sea el campo. Algunos abren abarroteras, otros deciden viajar a León y tener un negocio en la Capital del Calzado, y otros viven de su pensión en cuanto se vuelven adultos mayores, recordando la época de bonanza, tanto de Santa Ana como de otras comunidades.

El costo de una hectárea, además del cultivo y la siembra, y todo lo relacionado sale arriba de 5 mil pesos, más unas semillas de 3 mil, y se necesitan de 15 a 17 kilos. Hoy en día, muchas tierras quedan olvidadas debido al excesivo costo, ya que los campesinos no ganan dinero. Así lo explica Antonio Duran Navarro, de 67 años:

“El año pasado me gasté como cinco o seis mil pesos y no gané nada. Todo esto se debe a que, hace años, hubo un ciclo que cambió cuando Banrural nos hizo dependientes del sistema. De allí para acá, cuando cambió el sistema y tuvimos que echarle kilitos al puerto, como decimos aquí en el rancho, nos dimos cuenta que ya no fue productivo”.

Sumando los herbicidas, un poco de abono, además de los insecticidas, Durán se gastaba por hectárea 10 mil pesos, aunado a que se debe trabajar seis meses la tierra para que dé frutos. “Seis mil pesos o más mejor me lo gasto con mi familia”, dice.

ABARROTERA, MEJOR QUE EL CAMPO

Juan Carlos Guadián es actualmente dueño de una abarrotera. Ese negocio es más redituable que el campo, en el que llegó a trabajar. Sembraba maíz blanco, frijol y garbanzo. “Hoy en día abandoné mi terreno, por lo mismo que no era rentable. Eran inversiones muy fuertes en semillas y abonos, definitivamente no era negocio. Tenía un negocio de 6 hectáreas. ¡Mejor ya ni me acuerdo, ni me pongo a hacer cuentas!”

Otro caso de quien ha dejado la tierra es José Antonio Mendoza, quien actualmente trabaja en una reconocida empresa de tinacos. Hace 20 años optó por dejar la agricultura. “Todo era carísimo. Lo que se compraba estaba muy caro: fertilizantes, luz. De luz, solamente, gastaba diez mil pesos que no sabía de dónde agarrar. Cultivaba trigo, frijol, sorgo y maíz blanco.

HISTORIAS CON HISTORIA

Santa Ana del Conde tuvo una época de esplendor y fue un importante escenario histórico en tiempos de la Revolución. Uno de los muchos ejemplos es el molino que se encuentra frente a la plaza principal, que data de 1873. En ese entonces la producción agraria fluía.

Santa Ana del Conde es una comunidad con mucha Historia. Originalmente fue una hacienda agrícola, y fue escena de las batallas entre villistas y constitucionalistas, entre fuerzas de Pancho Villa y Álvaro Obregón. Hoy en día, en la plaza pública, se puede ver un busto conmemorativo de Obregón.

Ismael Alatorre Gutiérrez vive actualmente donde estuvo el molino. Lo compró y reside con su familia en la restaurada construcción decimonónica. Incluso, cuando él era niño, recuerda que la producción era óptima, al igual que en las comunidades vecinas de La Sandía y Barretos.

“Éramos puros trabajadores en ese entonces. Lo que sucede es que actualmente hay muchas fábricas, y la gente prefirió vender sus tierras e irse a trabajar a la ciudad, porque realmente el campo ya no da para vivir con antaño. La gente por eso se dedicó a otras actividades, que les dan la tortilla segura”.

De joven, Ismael también se dedicó al campo, pero decidió que el comercio era una opción mucho mejor. Al igual que otros habitantes de Santa Ana del Conde, coincide con que la mejor época para las tierras fue cuando Banrural apoyaba a los campesinos.

En 2003, Banrural cerró sus puertas tras 28 años de operaciones, y sus operaciones fueron trasladadas a la Financiera Rural.

UN ENFOQUE ACADÉMICO

Es un hecho que las tierras mexicanas han sufrido drásticos cambios a lo largo de los años, y varias instituciones lo han expresado. Una de muchas es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que en su página “Unamglobal” publica el artículo “El campo en México, un sector abandonado”, escrito por Michel Olguín:

La situación del campo mexicano es muy grave, principalmente porque es un sector que ha sido abandonado e incluso no se ha impulsado una política de aliento productivo, afirma Blanca Aurora Rubio Vega, del Instituto de Investigaciones Sociales, pues se ha preferido importar de Estados Unidos alimentos abaratados que promover la producción interna.

 Dicho escenario ha traído como consecuencia que caigan los precios de las semillas y que no sea rentable estimular la producción. Por ende, nos hemos convertido de un país exportador a importador de granos básicos, destaca.

 Actualmente, añade la académica, importamos alrededor del 84 por ciento del arroz, 31 por ciento del maíz, 64 por ciento del trigo y 98 por ciento de la soya, cuando en los años 60 fuimos un país exportador de granos básicos.

 Lo cierto es que el campo mexicano siempre ha sido una cuestión de pasión y amor. Tal como dijo el señor Durán: “hay mucha gente que lo seguirá haciendo”.

LA FRASE

Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos

semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta.

-Juan Rulfo, “Nos han dado la tierra”.